Breve carta para un revolucionario traidor

Foto: Crysis Rubel

Un revolucionario es un individuo que cree que las sociedades pueden alcanzar una vida mejor por medio de cambios revolucionarios secuenciales. El problema es que esto encierra una imposibilidad. Tras un cambio revolucionario, tarde o temprano emerge la necesidad de un orden.

Acá es donde surge la distinción entre los tipos posibles de revolucionarios, que yo simplificaré en dos conjuntos:

  1. Revolucionarios suicidas; y 
  2. Revolucionarios traidores.

Los primeros, los del tipo suicida, son lo que yo llamaré “auténticos revolucionarios”. Estos son los que creen en una suerte de revolución permanente, donde los cambios radicales se suceden unos a otros, donde a cada nueva fuerza que tienda al orden se le contrapone una fuerza subversiva, cuya misión es desencadenar nuevos cambios.

No hay que pensar mucho para darnos cuenta de por qué esta variedad de revolucionarios son suicidas.

Cuando el nuevo orden se consolida como poder, no hay cabida para subversiones sucesivas. De allí que el revolucionario enfrenta un dilema existencial: o se pliega al orden, es decir se hace traidor, o es consecuente con su postura revolucionaria y se realiza como suicida.

Es suicida porque las fuerzas que promueven el orden suelen ser de tal magnitud, que enfrentarlas implica una forma de suicidio, sea real, cuando el individuo es asesinado, o sea cuando éste es expulsado, por ejemplo hacia fuera del país. León Trotsky, es quizá una forma icónica del revolucionario que fue expulsado de su país y luego asesinado en México por un enviado de Josef Stalin.

El segundo tipo, el más común, es el traidor.

Es más común porque es el que usa la capacidad adaptativa y de supervivencia que está impresa en los genes y ha sido mejorada por la evolución de los humanos.

Podemos decir que es el más “humano” de los revolucionarios.

Pero ser más “humano” no lo hace respetado ni elegante. He allí su drama.

Yo he conocido a revolucionarios de ambos tipos. Por razones obvias, son más los traidores que los suicidas. Pero puedo decir con orgullo que conozco a varios del tipo suicida que han sobrevivido. Por supuesto bajo cierta forma de ostracismo, esto último como un tipo de exilio interior.

También debo decir que a estos es a los que respeto. Puedo no estar de acuerdo con ellos, pero su integridad y consecuencia merecen mi más alto respeto. Además son éticamente elegantes, lo cual es una forma de estética.

Pero esta nota está dirigida a los otros. A los revolucionarios Traidores. Así, con T mayúscula. Ustedes son una vergüenza.

Conocí a varios. Hoy día son ministros o alcaldes o simplemente burócratas. Unos combinan los resabios de un discurso liberador con los placeres del dinero mal habido. Con cuentas cifradas e hijos que viven como aristócratas.

Hay otros que son tristemente traidores.

Traidores porque no hay manera de permanecer en una burocracia de poderes instituidos, que edifica su estabilidad sobre una cadena de penas sociales,  sin recordar la traición en cada amanecer.

Tristes, porque son segundones explotados, mandados, a veces gritados, insultados, ignorados, desacreditados. Pero ellos siguen allí. Cumpliendo la tarea. Sacando cuentas o creando discursos que ayuden a la supervivencia de los poderosos.

Es lastimoso que tengan que fabricarse cada mañana una imitación del orgullo para poder afeitarse o maquillarse frente al espejo.

Es triste que, con el cariño que tengo por algunos de ustedes, por su persona, por una historia de gestos compartidos, deba recomendarles que se suiciden políticamente, que arriesguen sus prebendas, que sean consistentes, si acaso les queda algo de dignidad.


 

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2 Comments on "Breve carta para un revolucionario traidor"

  1. Maria Elena Lopez | 17 Junio, 2016 at 4:16 pm | Responder

    Muy bueno Pavel. Gracias por compartir tus conocimientos en esta materia.

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