Claves para comprender el avance del populismo

Foto: Zoriah

Un virus se disemina, muta, contagia en distintos puntos del espectro político: el populismo. Unos celebran, algunos aprenden cómo dirigir sus huestes y muchos se aterrorizan ante sus manifestaciones políticas. Pero es un hecho que el mensaje populista germina cuando se coordinan los excluidos, los ignorados, los resentidos, los que se sienten dejados atrás, los perdedores, los que han perdido el tren de la tierra prometida del consumo y el confort.

Entonces la rabia y su verdugo, la venganza, se convierten en tambores que alientan a ejércitos de electores, activos, decididos a elegir al profeta, al insultante, al que promete devolverte al cielo del que fuiste desplazado por la élite corrupta, por los inmigrantes o por los infieles. El cuento de fondo es siempre el mismo: la palabra invoca al pueblo, al ciudadano común, a las masas, a los dueños naturales de esta tierra que fueron expropiados, y les otorga cuerpo creando un nuevo y poderoso sujeto político. El hacedor puede llamarse Trump, Chávez, Berlusconi, Iglesias, Morales o Tsipras.

No es poco lo que se ha escrito sobre el populismo. A finales de los 1980, un grupo de economistas le dedicó una colección de estudios a la macroeconomía del populismo latinoamericano, (Dornbusch y Edwards), y más recientemente también se le ha indagado desde la ciencia política y la sociología (e.g. Team Populism-BYU). Pero hay un ángulo del análisis del populismo que me parece particularmente interesante, cuyo centro podemos ubicarlo en los trabajos de Ernesto Laclau sobre populismo, identidad y hegemonía.

Teoría y experimentación populista

Ernesto Laclau fue un teórico político, historiador y sociólogo argentino, profesor de teoría política de la Universidad de Essex (Reino Unido) por cerca de tres décadas. Laclau fue un post-marxista que concentró buena parte de su trabajo de investigación en el estudio de la génesis del populismo y el rol del discurso en su configuración.

La tesis de Laclau discurre de la siguiente manera:

  • Supongamos un país en el que muchas personas son atraídas por las oportunidades ofrecidas por las grandes ciudades. Como consecuencia de esto, se desplazan y se aglomeran en las adyacencias o faldas de estas ciudades.
  • Con estas aglomeraciones emerge una variedad de demandas de bienes y servicios públicos, tales como agua potable, educación, salud, transporte, seguridad y otros. Cuando estas necesidades no son oportunamente satisfechas, su acumulación  y complejidad dificultan su cobertura tardía.
  • Cuando la acumulación de necesidades insatisfechas alcanza cierto nivel, entonces comienza a emerger una equivalencia entre muchas insatisfacciones individuales. A unos les falta agua potable, a otros salud, a otras educación y pronto todos estas insatisfacciones se hacen equivalentes como manifestaciones de un tipo de exclusión o segregación.
  • Este sentido compartido de exclusión se manifiesta entonces en una suerte de abismo, muy profundo, que separa a una mayoría de excluidos de una reducida élite que controla el poder político y la distribución de oportunidades económicas.
  • Es en este punto en el que la aparición de un líder populista puede encarnar un discurso unificador de los excluidos alrededor de la figura del “pueblo” en oposición a la élite.
  • Esta unificación simbólica y discursiva de los excluidos es la base para la creación de una identidad común, que une, mueve y politiza a ese pueblo para actuar políticamente contra la élite y sus representantes políticos y económicos tradicionales.
  • Esta identidad construida a partir de un discurso simple, repetitivo y vengador, sería entonces lo que otorga cohesión a los movimientos políticos dirigidos por líderes como Alexis Tsipras, Evo Morales, Hugo Chávez o Pablo Iglesias.

Laclau no sólo ofrece una explicación de la emergencia del populismo, sino que prescribe, de cierta manera, cómo construir un discurso político que configure la identidad de un “pueblo”, antagonista de la “élite” o la “oligarquía”, cuya expresión política ha probado ser electoralmente muy exitosa. La prescripción de Laclau fue experimentalmente ensayada en países como Bolivia, España, Grecia y Venezuela, en todos estos casos con una tasa de éxito electoral relativamente alta. La historia bien pudiera entregar elementos para una novela.

Resulta que algunos discípulos de Laclau, tales como Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero (fundadores del partido español Podemos), vieron en los procesos iniciados por Hugo Chávez y Evo Morales una oportunidad para llevar a cabo un experimento académico de incidencia política: La sistematización de la construcción discursiva populista, en la que un líder crea toda una narrativa que establece los códigos y las articulaciones de una identidad que arropa y aglutina. Las referencias básicas de esta narrativa son siempre dicotómicas, muy simples,  pero políticamente muy poderosas: “el bien contra el mal”; “la pureza del pueblo contra la contaminación de las élites”; “los excluidos de siempre contra los monopolizadores del poder”.

La tesis con la que Íñigo Errejón alcanzó el grado de doctor en ciencias políticas se titula “La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo“.

En uno de sus capítulos, titulado “Identidades políticas y construcción del “Pueblo””, Errejón señala que “…la práctica emancipadora de los sectores subalternos en Bolivia es hegemónica porque ha aspirado, con éxito, a redefinir los contornos de la nación para identificarla con los intereses de los más desfavorecidos, frente a una estructura política excluyente que sólo beneficiaba a las élites blancas y ricas. Se trata, por tanto, de un fenómeno histórico de construcción de poder político a través de una hegemonía expansiva producida por mecanismos populistas, en términos de Laclau.”[1]

En sus conclusiones, Errejón dice lo siguiente, refiriéndose a la segunda victoria electoral de Evo Morales:

En paralelo al cambio electoral, una transformación político-discursiva menos explícita pero más radical había modificado la política boliviana en esos años: no es sólo que el Movimiento Al Socialismo fuese la fuerza más votada, es que su diagnóstico de la realidad, sus símbolos y propuestas, habían pasado a ser parte del imaginario colectivo de los bolivianos. En otras palabras, todo actor político que se pretenda relevante en Bolivia, incluso desde la oposición más furibunda al gobierno, debe ahora moverse dentro de los marcos culturales y hablar con  el lenguaje que están en la base de un sentido común favorable al oficialismo.”

En el 2014, un grupo de jóvenes españoles, en el que destacan varios discípulos de Laclau, funda el partido Podemos. Ese mismo año, Pablo Iglesias le ofreció a Errejón la jefatura de la campaña de Podemos para las elecciones del Parlamento Europeo. La campaña fue un éxito y esta nueva agrupación obtuvo cerca de 1,25 millones de votos, suficientes para ganar cinco curules en ese parlamento (para poner en contexto piense que el PP y el PSOE obtuvieron 16 y 14 curules, respectivamente).

Este éxito se reafirma en las dos elecciones parlamentarias españolas de 2016. En las más recientes, celebradas el 26 de junio de este año, Podemos obtuvo 67 diputados (el PP obtuvo 134 y el PSOE 84), convirtiéndose en apenas dos años en una importante fuerza política del país ibérico.

Discusión final

El populismo sigue alimentando movimientos telúricos en el escenario político global. La posibilidad de un Donald Trump, el Brexit, Syriza y Podemos, son solo algunos ejemplos del éxito electoral del discurso populista. Esto es aterrador y cotidiano.

Ya sabemos bastante sobre sus habituales consecuencias económicas. Pero crece el interés por comprender por qué surge, cuáles son sus variables explicativas, cómo explicar su éxito político. Un enfoque metodológico busca por los factores de oferta y demanda que ayudan a responder estas preguntas. En el lado de la oferta, se busca identificar elementos como el rol de los emprendedores políticos que ofrecen populismo, las manifestaciones del antagonismo populista en el discurso de los líderes, etc. En el lado de la demanda, se indaga sobre las motivaciones de los electores que piden populismo (crisis económica, percepción de corrupción generalizada del sistema político, programas económicos fallidos).

Esta es un invitación a estudiar las tesis de Laclau y a comprender los experimentos desarrollados por esta escuela (Bolivia, España, Venezuela). Esto puede ser un complemento que ayude a la comprensión de un fenómeno cuyos resultados todos conocemos, pero aún no entendemos muy bien cómo es el proceso que conduce a su desenlace.

Desde el punto de vista práctico, el diseño y desarrollo de una acción política en oposición al populismo requiere comprender no solo las aristas del clientelismo y la transferencias de rentas, sino también aquellos elementos que cohesionan a los seguidores de estos proyectos mediante la creación deliberada y sistemática de una identidad.

La superación de los estragos y las amenazas populistas quizá requiera de una contra-narrativa que sustente una identidad alternativa, reforzada por instituciones incluyentes que frenen el crecimiento de esos antagonismos donde pastan los predicadores de venganzas y salvaciones.


Notas:

[1]. Errejón, Íñigo (2012). La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo. Tesis doctoral. Madrid: Universidad Complutense de Madrid. Pág. 215-216 

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