Colombia vota No: Hipótesis para explicar el resultado

Foto: Lucho Molina

El electorado colombiano sorprendió a muchos en el atardecer del dos de octubre de 2016. Contra las expectativas de los entendidos, contra lo esperado por muchos opositores, contra el consenso de las encuestadoras, Colombia dijo No.

Puede hablarse del estrecho margen, puede hablarse de la alta abstención, puede hablarse de la distribución geográfica de las preferencias, pero lo cierto es que Colombia dijo No.

¿Qué hipótesis explican el resultado?

Con todo lo que esto signifique, el resultado es un ingrediente que fertiliza la discusión política e institucional sobre la región. Era muy simple tener que explicar un triunfo del Sí y desde siempre la realidad se empeña en ser más compleja que la ficción.

El efecto “Justicia”

Uno de temas más complejos alrededor de un acuerdo como el votado está representado por las tensiones entre tres miradas de la justicia:

  • La justicia a secas
  • La justicia transicional
  • La justicia procedimental

Por Justicia a secas me refiero, principalmente, a las demandas levantadas por las víctimas y sus dolientes de llevar ante la justicia ordinaria a los responsables de los delitos cometidos durante el conflicto. Comenzando con los delitos de lesa humanidad (masacres, asesinatos, torturas, violaciones, secuestros) y desde allí abarcando las responsabilidades con los dolores y costos generados. Muchas víctimas quieren una justicia efectiva y proporcional, y el acuerdo puede haber significado un grado de excesiva lenidad.

El segundo nivel de la discusión es lo que se llama Justicia transicional, la cual implica un acuerdo sobre un grado de impunidad que se aceptará como el precio de la disposición de los insurgentes a abandonar el conflicto violento, y a canalizar sus intereses políticos a través de las instituciones formales. Los términos acordados de justicia transicional representan el precio a pagar por el abandono de la violencia, y esto siempre comprende un grado de impunidad. Un segmento de los electores puede considerar que el precio establecido por el acuerdo es más alto que lo que se está dispuesto a pagar.

La tercera mirada de la discusión es lo que se llama Justicia procedimental, y se refiere a la evaluación del proceso de negociación, de cuánto fueron tomados en cuenta los intereses relevantes, de cuánto se consultaron los términos del acuerdo entre los jugadores políticos con mayor presencia. La transparencia, el grado de consulta previo al acuerdo, el método o criterio de selección de los participantes y mediadores, todos estos son elementos que afectan la “aceptabilidad” de un acuerdo como el votado. Muchos electores pueden cuestionar la manera como se llegó al acuerdo, el proceso, más que el acuerdo en sí mismo.

El efecto “Eje del mal o Déjà Vu de Chávez”

Una segunda variedad de factores explicativos del resultado del plebiscito de octubre de 2016, es lo que he llamado, caricaturizando un poco la imagen, el efecto Eje del mal (o Déjà Vu de Chávez). Este efecto se refiere a las implicaciones que tuvo el protagonismo de Cuba y Venezuela en las negociaciones, sobre los escenarios políticos que los electores visualizaban como consecuencias del acuerdo de paz. Las asociaciones del modelo económico y político cubano, y la estridente cercanía de Venezuela, dibujan un escenario que quizás sea muy amenazante para muchos colombianos. La evidencia de la tragedia humana venezolana es muy cercana y aterradora, como muestran los resultados en el Departamento Norte de Santander (principal frontera con Venezuela), en el cual el No obtuvo 64%, contra 36% del Sí.

El miedo al escenario del populismo de izquierda tipo-Venezuela, empuja a muchos electores colombianos a demandar un grado de inhabilitación política para las FARC y sus líderes, como una barrera institucional a la entrada de una oferta “chavista” en Colombia. Este efecto podría ser asociado con la máxima propuesta por Karl Popper, autor de un libro llamado “La Sociedad Abierta y sus Enemigos”,  quien plantea que no se puede ser tolerante con los intolerantes, debido a que su entrada al sistema es el inicio de la destrucción “desde adentro” de las libertades democráticas.

El efecto “Costo directo de la guerra”

El tercer efecto que pudiera estar presente como catalizador del resultado, emerge del balance entre los costos y beneficios de la guerra según la cercanía geográfica de esta. Una mirada preliminar a la distribución geográfica de los resultados, podría facilitar el énfasis de que la votación contraria al acuerdo es mayor en las regiones con menor exposición directa a la guerra. Con las excepciones del Norte de Santander y del Arauca, el No ganó en los departamentos del centro geográfico de Colombia y el Sí ganó en la periferia. Puede entonces postularse que en la periferia, donde se ha pagado un mayor costo directo por la guerra, se votó a favor del acuerdo porque el costo de la guerra pesaría más que sus beneficios. Justo la cuenta inversa que la que puede sacar un residente de Bogotá o Medellín.

Conclusiones

La tensión entre las tres miradas de la justicia suele implicar que el alcance de un tipo de justicia requiere el sacrificio de otra. Objetivos de justicia transicional suelen requerir el sacrificio de la justicia a secas (habría un grado de impunidad) o de la justicia procedimental (partes del proceso deben ser secretas y excluyentes de algunos actores). Esta es una fuente de motivaciones encontradas para los electores, según el énfasis que éstos le otorguen a cada mirada de la justicia.

Podemos finalmente postular que la negativa revelada el domingo 02 de octubre al acuerdo de paz propuesto por el Presidente Santos, está determinada por una mezcla entre los factores explicativos que hemos esbozado acá. Los efectos “Justicia”, “Eje del mal”, e “Intensidad del costo del conflicto” se complementarían para explicar la negativa al acuerdo propuesto. La información que vaya surgiendo y el análisis que la acompañe nos dirán cuánto pesó cada efecto en el resultado observado.

Pienso, ojalá no con demasiada ingenuidad, que el resultado no implica un retroceso del proceso de paz sino una prolongación de las negociaciones, con un cambio en el poder de negociación relativo de las partes. Ahora toca ver al Centro Democrático de Uribe, y a los otros actores relevantes del NO, jugar a la política para transformar este resultado en el logro de un mejor acuerdo de paz.

¡Que así sea!


 

 

 

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