¡Cuidado con la regulación de la economía “colaborativa”!

Foto: Open Grid Scheduler

 


Economía colaborativa” es la más común traducción de la expresión en inglés sharing economy, la cual define a la dinámica económica que caracteriza a plataformas innovadoras como Airbnb y Uber. Ambas empresas representan innovaciones disruptivas de los modelos de negocio de industrias globales como la del hospedaje y la del transporte personal.

Usted ha sido testigo de cómo el caso de Uber ha ganado presencia en los medios de comunicación, en las conversaciones de amigos y en ciertos círculos académicos. Con frecuencia, algún amigo comenta sobre Uber, o esta empresa es protagonista de programas de televisión, radio, artículos de prensa o menciones en las redes sociales.

Algo similar ocurre con Airbnb. Deslumbra que alguien pueda arrendar una villa en la campiña italiana, de una manera muy sencilla y directa, con información clave suministrada por huéspedes anteriores y a un precio sorprendentemente bajo.

Pero tanta sorpresa invita a la controversia. ¿Son estas plataformas los ejemplos de cómo la tecnología beneficia a los consumidores con mayor competencia, menores precios y multiplicación de las opciones? ¿O son espejismos que ofrecen precios atractivos sobre la base de la evasión de impuestos y regulaciones, significando mayores riesgos y costos de largo plazo para los consumidores y otros actores sociales? ¿Son Uber y Airbnb empresas futuristas sujetos de la reconfiguración de los mercados o son jugadores que compiten con las ventajas de la evasión regulatoria?

Digamos que estas interrogantes dibujan las dos posiciones más esbozadas en la opinión pública:

  1. La de “camino-libre-para-el-innovador/emprendedor”; y
  2. La de “regulación-para-igualar-la-cancha-y-mitigar-las-fallas-del-mercado”.

Ambos extremos se prestan para encarnar la frase simple, el eslogan, las reducciones que suelen facilitar la caricaturización de los problemas. Uber o Airbnb traen consigo importantes ganancias de eficiencia en el uso de los recursos y en el bienestar de los consumidores, pero también implican costos y asimetrías que deben ser mitigados. El problema es que estas plataformas rompen paradigmas sobre el comportamiento de empresas y consumidores en los mercados en que germinan.

Por ello, necesitamos comprender mejor la naturaleza de las innovaciones, su impacto en el comportamiento de los actores, las lagunas que inevitablemente deban ser atendidas por la regulación y los problemas que propicia la intervención del Estado.

Economía “colaborativa”, dinámicas autorreforzadas y eficiencia

El primer arrebato seductor de la llamada economía “colaborativa” se basa en ofrecer a las personas posibilidades para monetizar  (o dar un mejor uso) a una serie de activos subutilizados. A mucha gente le sobra tiempo, habitaciones o espacio en sus viviendas, autos o destrezas, y en ausencia de mecanismos para compartirlos, estos recursos se pierden o permanecen parcialmente utilizados. Entonces ocurrió que, hace unos años, algunas personas comenzaron a pensar en formas de compartir estos recursos que implicarían importantes ganancias sociales.

Caso 1: Uber

En el año 2009, un par de jóvenes de 28 y 30 años diseñaron el primer prototipo de una aplicación para celulares que permitía conectar a conductores, que deseaban ofrecer servicios de transporte, con personas que requerían ser desplazados de un punto a otro de manera rápida, confiable y a un precio razonable.

En particular, Uber sería una empresa orientada a satisfacer a un “mercado de dos lados” (two-sided market), en el cual la empresa atiende simultáneamente a los conductores y a los pasajeros, sobre la base de entregarles valor relevante a cada uno a partir de una serie de mecanismos autorreforzados, que hicieran que un número creciente de conductores quisieran trabajar con Uber y que un número creciente de pasajeros quisiera desplazarse con Uber. La clave del éxito estaría en maximizar el número de conexiones entre los dos lados de su mercado y en monetizar estas conexiones de tal manera que todas las partes percibieran el juego como ganar-ganar.

Esto fue exactamente lo que lograron Garrett CampTravis Kalanick, quienes para el año 2015 habían logrado amasar fortunas de 6.000 y 6.200 millones de dólares, respectivamente.

Uber entonces diseñó y puso en práctica en muchas ciudades un modelo de negocios que, por una parte, entrega satisfacción diferenciada a muchos clientes históricos de servicios de traslado (ej. taxi) y ha traído como nuevos clientes a este negocio, a personas que previamente no usaban este tipo de servicios, sobre la base de lograr tiempos de respuesta extremadamente cortos. Por la otra parte, Uber ha atraído a un inusitado número de personas a ofrecer servicios como conductores, de una manera flexible, lucrativa y con relativa independencia.

La confluencia de estas atractivas propuestas de valor ha disparado el proceso de atracción mutua:

  • Mientras los pasajeros descubren que es posible obtener un servicio confiable y expedito, más pasajeros desean comprar este servicio;
  • Mientras más pasajeros demandan el servicio de Uber, más atractivo es para los conductores asociarse a la plataforma;
  • Entonces se completa el ciclo: Mientras hay más conductores disponibles esperando por contactos, más expeditas e inmediatas se tornan las respuestas a los pasajeros, incrementando la satisfacción y la disposición a usarlo.

Este es uno de los procesos autorreforzados clave.

El otro es el el sistema de evaluaciones mutuas, públicamente disponibles, que refuerza la confianza y la calidad de servicio del sistema:

  • Los pasajeros evalúan a los conductores de manera personalizada, y estas evaluaciones están disponibles on-line. Evaluaciones negativas conducen a la expulsión de los conductores de la plataforma.
  • Los conductores evalúan a los pasajeros de manera personalizada, y estas evaluaciones están disponibles para los conductores. Evaluaciones negativas conducen a la expulsión de los pasajeros de la plataforma.
  • Los conductores entonces tienen incentivos a prestar un servicio que deje satisfechos a los pasajeros, y los pasajeros tienen incentivos a ser educados y tratar bien a los conductores.
  • La conjunción de experiencias satisfactorias alimenta el valor percibido por cada jugador por pertenecer a la red implícita en la plataforma.

Caso 2: Airbnb

San Francisco, California, Agosto de 2008. Tres emprendedores, Brian Chesky, Joe Gebbia, y Nathan Blecharczyk llevaron adelante una idea sencilla y potente. El año anterior, Brian Chesky y Joe Gebbia debían asistir a una conferencia de diseño, pero tenían dificultades para cubrir los gastos de hospedaje asociados a esta. Así que tuvieron la idea de arrendar una parte de sus propias viviendas para obtener recursos para los gastos de la asistencia a la conferencia.

El éxito de la experiencia les motivó a traducirla en una idea de negocios, y entonces se asociaron con Nathan Blecharczyk, programador informático, para desarrollar una aplicación que cambiaría la manera como encontramos hospedaje al viajar. Inicialmente, Airbnb se concentró en la gestión de espacios compartidos en viviendas, pero pronto se amplió a viviendas completas, villas y hasta castillos. En el año 2015, Airbnb había alcanzado un valor accionario de 2.300  millones de dólares y una valoración de mercado de 25.500 millones de dólares. [2] Actualmente, tiene más de un millón de posibilidades de hospedaje listadas, en 190 países.

El modelo de negocios de Airbnb tiene elementos comunes con lo que dibujamos cuando hablamos de Uber. Se trata de un servicio que busca entregar valor a un mercado de dos-partes, a huéspedes y propietarios, de manera que los propietarios obtienen un ingreso arrendando sus activos subutilizados (espacios en viviendas, o viviendas completas durante cierto tiempo) y los huéspedes acceden a una multiplicidad de opciones de hospedaje, a precios relativamente bajos.

De manera análoga al caso de Uber, uno de los ejes clave del modelo de negocios es el uso de un mecanismo autorreforzado que genera un círculo virtuoso de satisfacción para todas las partes del mercado. Una aplicación que te ofrece una multiplicidad de opciones, con información sobre las evaluaciones históricas de los huéspedes, al tiempo que entrega información a los propietarios sobre la calificación de sus huéspedes. Bajo este esquema, bajas calificaciones conducirían a salidas del sistema. Esto entonces crea incentivos para ofrecer calidades ajustadas a los diferentes niveles de precios mientras disciplina a los jugadores del mercado.

¿Qué argumentos económicos podrían justificar la regulación de estas plataformas?

Externalidades

Una de las principales fuentes de preocupaciones sobre los resultados de los mercados es lo que se conoce como Externalidades. Se dice que hay una externalidad cuando existe una diferencia significativa entre los costos (o beneficios) que recaen en toda la sociedad, “costos (o beneficios) sociales” derivados de la producción o consumo de algo, y los correspondientes costos privados relevantes para la decisión de producción o consumo. A estos últimos se les llama “costos (beneficios) privados”. La divergencia entre estos dos elementos hace que el bien o servicio se produzca en exceso o con déficit.

Uber

Las externalidades alrededor de Uber son principalmente de dos tipos: a) Costos externos derivados de la perspectiva de conductores y vehículos inseguros; y b) Costos externos derivados de la perspectiva de conductores sin seguro o subasegurados.[1]

El primer tipo de externalidad se refiere a los riesgos adicionales generados por conductores y vehículos. En algunos países, a los conductores de vehículos para transporte se les exige un tipo de licencia especial, la cual implica un entrenamiento más exigente que lo requerido para conducir vehículos con fines particulares. De manera análoga, a los vehículos destinados a servicios de transporte se les exigen revisiones más frecuentes.

El segundo tipo de externalidad es enfrentado exigiendo una cobertura de seguro para actividades comerciales que cubra a los conductores siempre que estén conduciendo para los objetivos de la plataforma.

Airbnb

Las principales externalidades alrededor de Airbnb son:  a) Costos para el vecindario (molestias de los huéspedes, uso adicional de bienes públicos escasos -eg. puestos de estacionamiento- y poco cuidado de bienes públicos derivado de los escasos lazos locales); y b) Costos derivados de la reducción de la oferta de apartamentos y casas para arrendar a plazos largos (eg. mayores tasas de arriendo o alquiler).

Asimetrías de información

Un segundo tipo de fuentes de reclamos de regulación son las asimetrías en la información sobre el estado de los vehículos y viviendas, sobremanera en aspectos que no son detectables a simple vista. Por ejemplo, el estado de los sistemas de frenos de los vehículos o las precauciones anti-incendios de las viviendas.

Ingresos tributarios perdidos

Finalmente, tenemos el tema de los impuestos que son aplicados a los proveedores tradicionales (líneas de taxi u hoteles), pero que no son pagados a partir de las transacciones de plataformas como Uber o Airbnb. En algunas ciudades, hay impuestos municipales aplicables a cada servicio de las líneas de taxi o cobros por licencias de taxistas, o impuestos por habitación arrendada.

¿Qué más se debe ponderar para elegir una estrategia regulatoria?

Eficiencias [3]

El primer aspecto clave a tomar en cuenta son las ganancias en la eficiencia en el uso de los recursos que trae consigo esta nueva variedad de modelos de negocio y propuestas de valor.

a) Los costos de transacción son reducidos de manera importante al facilitarse la gestión, directa y sencilla, de la comunicación entre clientes y proveedores;

b) Mejora la asignación de recursos, a partir del uso de recursos subtilizados, como cuando se arrienda un departamento durante un fin de semana en que los propietarios viajan, o cuando se usa un mismo vehículo para distintos fines (personales y comerciales), lo cual reduce los tiempos de traslado e incrementa la disponibilidad del servicio;

c) Eficiencias en el uso de la información tienen un impacto significativo en el manejo de la reputación y en la facilitación de la rendición de cuentas, en tanto de revela información que suele estar oculta en el modelo de negocios tradicional, lo cual desincentiva los comportamientos no deseados; y

d) La disponibilidad de información en tiempo-real permite adecuaciones relativamente instantáneas entre los precios y las condiciones de la demanda, lo cual permite reducir muy rápido los desequilibrios entre oferta y demanda.

Todas estas ganancias de eficiencia, agregadas y ponderadas por el tamaño de los mercados, implican un valor agregado significativamente grande para consumidores y propietarios de activos subutilizados. En algunos casos, las eficiencias alcanzadas incentivan la autoregulación, reduciéndose algunas externalidades. Particularmente, los mecanismos autorreforzados basados en revelación de información creíble, disciplina la conducta de los proveedores y reduce el riesgo al que se exponen los usuarios y los terceros.

Los costos de la regulación

La regulación suele tener como objetivo la salvaguarda del interés público, pero detrás de esta intencionalidad suelen también esconderse los deseos de capturar rentas a partir de barreras a la entrada. Cuando la regulación genera ciertas protecciones y “seguridades” para algunas empresas en determinadas industrias, entonces los intereses ganadores se ven motivados a organizarse para proteger políticamente las ventajas regulatorias.

Además, las tensiones políticas alrededor de la regulación y las agencias encargadas de administrarla pueden anquilosar los paradigmas regulatorios. Esto se traduce en cierta miopía para detectar, y lentitud para abrir las puertas, a soluciones producidas desde el interior de los mercados.

El segundo tipo de costos de la regulación son los precios más altos y la menor disponibilidad de opciones que pagamos los consumidores en los mercados regulados. Por ejemplo, un objetivo de la regulación que busca mitigar las externalidades negativas es que se reduzcan las unidades transadas y se incremente el precio de los productos. Esto acercaría los costos privados a los costos sociales que incluyen lo negativo de la externalidad.

Las alternativas a la regulación

Como hemos observado, la introducción de mecanismos autorreforzados, con base en opciones posibles gracias a la tecnología, puede resolver algunos de los problemas para los cuales fue diseñada una regulación. Por ejemplo, algunos objetivos de seguridad de los pasajeros, que antes se pensaba que podían ser alcanzados solo a partir de la regulación, pueden alcanzarse gracias a la autorregulación inducida por las evaluaciones mutuas acumuladas públicamente en algunas de las plataformas. Las evaluaciones personalizadas, y el costo de expulsión del sistema asociado a estas, inhibe determinados comportamientos que estaban presentes cuando se operaba bajo el paradigma tradicional.

¿Dónde tendría sentido mantener exigencias regulatorias y cómo la regulación debe mutar para ajustarse a las innovaciones?

En primer lugar, en la cobertura de aquellas externalidades que no sean mitigadas por la autorregulación inducida por los mecanismos descritos. Principalmente, en casos en los cuales exista evidencia empírica que soporte la existencia de costos sociales relevantes, no reducidos por la dinámica del nuevo paradigma.

Temas como la necesidad de exigir coberturas de seguros comerciales redimibles para los vehículos particulares usados en Uber, o el pago de impuestos específicos (por tramo de transporte contratado o habitación vendida), semejantes a los pagados por las líneas de taxi, parecen elementos que deben ser exigibles para las empresas de la economía “colaborativa”. Hay evidencia de que empresas como Uber o Airbnb ya han internalizado prácticas, procesos y requerimientos para ajustarse a este tipo de regulaciones. Esto les otorga legitimidad política en un escenario de controversias públicas y presión de grupos de interés.

La regulación tradicional es también desafiada para avanzar en su modernización. Por ejemplo, algunas ciudades han creado nuevos criterios de zonificación para áreas donde las viviendas pueden adscribirse a Airbnb, y áreas “libres-de-Airbnb”. Algunos autores argumentan que esto permite que en el largo plazo las personas puedan “votar con los pies” y elegir el tipo de zona en la que desean vivir, reduciéndose las externalidades sufridas por aquellos que sufren los costos y perciben que reciben pocos beneficios de estos nuevos modelos de negocio.

Las ganancias sociales producidas por estos novedosos modelos de negocio son tales que la regulación debe ajustarse para reconocer la virtual desaparición de algunos problemas, las presiones que sólo buscan conservar rentas y las posibilidades de usar toda la nueva información, disponible en estas plataformas, para alcanzar objetivos sociales con un menor grado de intervención e ineficiencias inducidas por la regulación.


Notas:

[1]. Edelman, B., and D. Geradin. “Efficiencies and Regulatory Shortcuts: How Should We Regulate Companies like Airbnb and Uber?” Stanford Technology Law Review 19 (April 2016): 293–328.

[2].  Austin, S. C. Canipe and S. Slobin, The Billion Dollar Startup Club, The Wall Street Journal.

[3]. Esta sección está basada en Edelman and Gerardin, (2016).

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