¿Debe la oposición venezolana prepararse para negociar con Rusia?

Foto: Khuroshvili Ilya

“Si tú no estás en la mesa, estás en el menú”. Este moderno proverbio resume todos los argumentos a favor de que la oposición venezolana dialogue con todas las partes relevantes del conflicto político actual.

El gobierno venezolano está asfixiado financieramente. Su modus operandi ha sido como el de las termitas, esos insectos que avanzan devorando, en una tenaz campaña de desertificación. Una vez que se destruyó el tejido industrial del país, y se inhibió a la inversión privada con gritos de guerra y amenazas, lo que quedan son deudas y grandes reservas de recursos naturales. Venezuela posee ingentes reservas minerales y petroleras. El problema es que para transformar esto en recursos financieros hace falta inversión de terceros. Pero como durante varios años, el gobierno venezolano se dedicó a cambiar las reglas de juego, a expropiar, intervenir y amenazar continuamente a los privados, resulta que ahora esos terceros exigen garantías para sus inversiones, condiciones preferenciales y acceso a los recursos con bajos costos de regulación ambiental.

Esto es lo que explica las apuestas gubernamentales por la explotación, con escaso prurito ecológico, de lo que se conoce como el “arco minero”, y su búsqueda frenética de una vía rápida para la aprobación de proyectos que implican una mayor presencia de Rusia en la industria petrolera nacional. Como ha sido explicado por expertos petroleros y publicaciones especializadas, esto último es el trasfondo del reciente golpe judicial dado a la Asamblea Nacional, con las polémicas sentencias del Tribunal Supremo de Justicia de la última semana de marzo de 2017.

En medio de una debacle económica sin precedentes, el gobierno venezolano busca entregar petróleo a la empresa rusa Rosneft, a cambio de la inyección temprana de un caudal de divisas que le permita cumplir con los pagos del servicio de la deuda, próximos a vencer, cuyo monto se ubicaría en los alrededores de los 3 mil millones de dólares. En el año 2016, Rosneft pagó 500 millones de dólares para incrementar su participación en la empresa mixta Petromonagas desde el previo 16,7% a un 40%. Este año, el gobierno venezolano busca replicar estos cambios de contratos para obtener motos adicionales. Según explica Reuters, Rosneft le habría otorgado préstamos a la empresa petrolera estatal venezolana, PDVSA, que  se ubican entre los 4 mil y los 5 mil millones de dólares.

Mas allá de la discusión sobre las jugadas judiciales del gobierno venezolano, sobre el carácter democrático de estas, y sobre las condiciones de acceso al petróleo venezolano ofrecidas a Rusia, hay una discusión clave que pareciera que no está siendo abordada con transparencia o, en el peor de los casos, no está siendo abordada en lo absoluto: ¿Debe la oposición venezolana elaborar una estrategia para negociar con Rusia sobre estas operaciones? ¿Cuáles son los principales desafíos políticos de una negociación como esta? La aproximación a estas preguntas ya de por sí hablaría de la vocación de poder de la oposición y de su compromiso con un proyecto de país para la transición.

“Si no estás en la mesa, estás en el menú”

En la medida en que el juego político se aproxime a una salida negociada, como resultado de una mezcla de presiones internas e internacionales, es cada vez más perentoria la necesidad de elaborar una estrategia política para la negociación con los principales acreedores del gobierno venezolano. En este grupo, sin duda, destacan los casos de China y Rusia. Frente a estos, la oposición venezolana debe tener un planteamiento que aborde temas escabrosos como las garantías a las inversiones previamente realizadas y las condiciones para garantizar las inversiones que están por realizarse. Y todo esto debe, a su vez, ser congruente con las bases institucionales del programa de reformas que deberá encarar un futuro gobierno. Y es precisamente acá donde yacen las principales disyuntivas y desafíos políticos de una probable transición.

Más que respuestas, la intención de estas líneas es proponer algunas de las interrogantes que podrían tener relevancia frente a este escenario:

  • ¿Cuánto es posible y deseable intercambiar entre las garantías a condiciones previamente acordadas con China y Rusia y las condiciones de transparencia, de protección de los intereses nacionales (e.g., protección ambiental) y de incentivos a la inversión de largo plazo, que se desea imprimir de manera global a los contratos de participación privada en la explotación minera y petrolera?
  • ¿Cuáles son las líneas gruesas de un marco regulatorio moderno, orientado a minimizar las conductas oportunistas y a crear una base de sustentabilidad para industrias sensibles como estas?
  • ¿Cuáles mecanismos institucionales podrían facilitar la coordinación al interior de las facciones políticas relevantes en un nuevo escenario, de manera de poder otorgar credibilidad a las promesas y amenazas presentes en toda negociación?
  • ¿Cómo vencer los escollos que la antipolítica significa para la credibilidad de la oposición?
  • ¿Acaso las facciones de la oposición “moderada” deberán excluir a alguna facción “radical”, como una manera de ganar credibilidad para las promesas y amenazas que lleven a la mesa de negociación?
  • ¿Qué otros compromisos, en términos de movimientos visibles e irreversibles, debe realizar la oposición para ganar credibilidad en una eventual mesa de negociación?

Estas son apenas algunas de las primeras preguntas que debieran hacerse quienes desean mostrar vocación de poder, y capacidad para sobrellevar los aspectos políticos más sensibles de un proceso de transición. Y esto pasa por la elaboración de una estrategia para tener un puesto de relevancia en esa mesa. Venezuela podría estar llegando a un punto en el cual se deba asumir la negociación sin pruritos y se deba comenzar a mostrar que se tiene esa real vocación de poder. Digámoslo una vez más: Quien no está en la mesa, está en el menú. Sin la conciencia de esto, el período de lamentos quizá va a ser más largo de lo que muchos piensan.


 

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1 Comment on "¿Debe la oposición venezolana prepararse para negociar con Rusia?"

  1. ¡Excelente analisis!

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