¿Está el gobierno venezolano preparándose para el referéndum revocatorio?


 

-Este gobierno no sale con elecciones, abuela -dijo el Radical (radical solo en Twitter).

-Quédate tú sentado a esperar un milagro -respondió la abuela- yo voy a marchar en paz para exigir elecciones.

El escepticismo y la parálisis ha permeado en muchos venezolanos, que como el tuitero de la conversación anterior, no creen en la vía electoral como la salida a la grave situación del país, y se limitan a cuestionar a los políticos desde la comodidad del teclado y una cuenta de twitter.

Pero muchos otros han confluido en la opción del referéndum revocatorio, como la vía políticamente óptima para demostrar la voluntad mayoritaria de una transición política. Hoy, miércoles 11 de mayo de 2016, miles de personas se movilizan para exigir celeridad al árbitro electoral venezolano, en los procesos necesarios para la realización de un referéndum revocatorio.

Como es de esperarse, este será un proceso difícil, en el cual abundarán los obstáculos, amenazas y demostraciones de poder por parte del gobierno.

En este contexto, quiero proponer una hipótesis, con el objetivo de sacar la discusión del terreno de la angustia y la desesperación, y abrir paso al análisis sereno de la coyuntura.

Esto lo escribo con toda la humildad de quien está fuera de la geografía (no de la angustia) y con el debido respeto hacia quienes están quemándose la piel en las trincheras de la lucha política y de calle, de trompicones y duras negociaciones políticas.

La idea entonces es proponer un ejercicio de análisis político, del tipo que pudiéramos llamar “fuera de la caja”, usando la trillada metáfora de tomar distancia de los problemas y observar posibilidades más allá de las típicas variables del análisis cotidiano.

El punto de partida es separarnos un poco de la vocinglería política de algunos actores, de las amenazas y la boconería del poder, y analizar tanto las presiones que enfrenta el oficialismo para que se abra el camino de una medición electoral, como algunas señales débiles que quizá han pasado desapercibidas o son demasiado recientes.

En cuanto a las presiones, podemos suponer que son de al menos dos tipos: internas y externas.

En la esfera interna, el oficialismo venezolano no es un bloque tan homogéneo como le gusta y le conviene mostrarse. La acumulación de problemas sociales hace mella, no solo en la población opositora, sino también en la base oficialista.

Esto se traduce en un creciente malestar contra Maduro y la conducción política que él representa. Hay diversas señales en esta dirección: las críticas de varios exministros, dirigentes medios e intelectuales influyentes en la base chavista. Basta leer el portal aporrea.org para medir las dimensiones de este malestar.

Pero también ha cambiado el escenario externo, lo que de alguna manera le resta margen de maniobra al gobierno.

Las negociaciones entre Obama y los cubanos, los cambios políticos en Argentina y Brasil, la situación de Rafael Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia, y la intervención del Papa, son algunos de los elementos que manifiestan presiones internacionales frente a las cuales el gobierno no está totalmente blindado.

Entre otras cosas, por el hecho de que lo que ocurra en Venezuela afecta no solo al chavismo, sino también a la legitimidad política de una izquierda del subcontinente, que desea mantener sus opciones de poder en el futuro (pese a los cambios del presente).

La hipótesis

EL ejercicio comienza con la conexión de algunas “señales débiles” de los últimos días, las cuales me permiten sustentar la siguiente hipótesis:

El gobierno venezolano se está preparando para una medición electoral, pero, como es de esperarse, está utilizando todo su poder para colocar esa medición en los términos más favorables posibles, dentro de la coyuntura crítica que vive el país.

Primer movimiento:

El gobierno utiliza tácticas para desmoralizar a la base opositora y enviar una señal de fuerza a su propia base.

A esto apunta la vocinglería malandrosa del alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez y del influyente diputado oficialista Diosdado Cabello, cuando declaran, una y otra vez, y en tono altisonante, que no habrá referéndum revocatorio en Venezuela, que hay fraude en las firmas presentadas por la oposición para sustentar su solicitud, que ellos “aprobarán” o certificarán la legalidad de esas firmas, etc., etc., como los venezolanos han visto hasta el hartazgo.

Esta estrategia persigue tres objetivos simultáneamente:

  1. Desmoralizar al enemigo (incluyendo darle armas a los “comandantes guerrilleros de Twitter” de la oposición, que día tras día le disparan a los esfuerzos a favor de una salida electoral y basada en los mecanismos que están presentes hoy día en la constitución);
  2. Enviar una señal de confianza y de alta autoestima a su propia base; y
  3. Retrasar lo máximo posible la realización del referéndum revocatorio, para colocarlo en un tiempo más favorable electoralmente para el gobierno de Maduro (esta táctica dilatoria fue usada en el referéndum revocatorio de 2004).

Segundo movimiento:

El gobierno está consciente de sus limitaciones para solucionar la variedad de problemas que enfrentan los venezolanos en este tiempo: escasez de medicinas, alimentos y otros productos, muy alta inflación, deterioro de la calidad de los servicios públicos, inseguridad, etc.

En los últimos días, los medios de comunicación venezolanos han seguido la eliminación  física de algunos personajes que pudiésemos llamar “íconos de la delincuencia” o “los más buscados”. Uno de ellos, conocido como “El Picure”, quizá es el más emblemático, era  líder de una banda que durante años secuestró, asesinó y asaltó bancos, haciendo gala de un sofisticado y abundante armamento, fue abatido en un enfrentamiento la policía el 5 de mayo de 2016. El martes 10 de mayo de 2016, el gobierno anunció la baja de El Coqui, otro de la lista de “los más buscados”. Podemos esperar que esta lista crezca en los próximos días.

Como parte de esta estrategia de ataque a la delincuencia, el gobierno anunció el mismo 10 de mayo, con alto ruido mediático, el despliegue de las llamadas Operaciones de Liberación del Pueblo (intervenciones policiales apoyadas por el ejército) en los barrios caraqueños de la Cota 905, El Valle, Coche y el Cementerio. Podemos también esperar que estos despliegues mediático-policiales se reproduzcan en los próximos días en zonas clave de las ciudades del interior.

Dar de baja a renombrados delincuentes y hacer estrambóticas intervenciones policiales, refuerzan la percepción de que el gobierno está resolviendo problemas, aunque sean dudosos  sus efectos de largo plazo. Esto podría leerse como una manera “barata” de responder a las expectativas ciudadanas.

Tercer movimiento:

El martes 10 de mayo, el vicepresidente del gobierno venezolano para el Área Económica, Miguel Pérez Abad, anunció el arribo de 40 toneladas de productos farmacéuticos al país (más de dos millones de insumos), a través del convenio Irán-Venezuela.

El mismo día se anunció que el vicepresidente de la República, Aristóbulo Istúriz, sostuvo una reunión con dos grandes productoras sudafricanas de medicamentos (Zydus y Aspen Pharma) “para garantizar suministro de medicamentos en el corto plazo”.

Aspen Pharma contaría con más de 20 plantas en el mundo y, supuestamente, produce una amplia variedad de medicamentos de marca y genéricos, fármacos sin prescripción, productos de consumo y de nutrición infantil, y medicinas para una diversa gama de usos y tratamientos.

Zydus, por su parte, tendría presencia en cuatro continentes y contaría con más de 15 mil trabajadores produciendo su propia materia prima, y tendría una planta en Brasil, que le permitiría suplir a Venezuela a bajos costos de tiempo y transporte.

La opción electoral

Estos tres movimientos, vistos en perspectiva, podrían ser leídos como señales débiles de que el gobierno se prepara para competir electoralmente, utilizando una mezcla de tácticas que persiguen mejorar su posicionamiento electoral.

Aunque la no realización del referéndum y la culminación del mandato del Presidente Maduro puedan tener obvias ventajas políticas para el gobierno, no es descabellado pensar que una medición electoral, en la cual el gobierno le apueste a salir exitoso, sería la llave para su permanencia en el poder durante un largo período.

Es importante tener claro que, pese a la situación, el gobierno cuenta con una base electoral importante. Esto quedó demostrado en las elecciones parlamentarias de diciembre del 2015, en las cuales el gobierno logró acumular 5,6 millones de votos, equivalentes al 40,9% de los votos totales.

Este es un tema que no deja de llamar la atención: ¿Cómo es posible que en medio de la situación económica y social de diciembre de 2015, el gobierno lograra mantener ese volumen de apoyo electoral?

¿Qué forma parece tomar la estrategia política opositora frente a la confrontación electoral?

La oposición se ha mostrado nucleada alrededor de una estrategia política, que incluye la denuncia social y la identificación de la incapacidad política del gobierno para lograr una mejoría sostenida en el largo plazo.

Al menos en un importante sector de la oposición venezolana, hay indicios de que comienza a articularse una narrativa o un relato que intenta conectar con los símbolos que han estado en juego en estos últimos 17 años de dominio chavista.

Me atrevo a sugerir que esto incluye los siguientes elementos:

  • La preferencia por las salidas democráticas y constitucionales, como una señal de que se cree firmemente que el destino político del país debe estar en las manos de los venezolanos, y en particular de los ciudadanos (eso que se llama el pueblo) y no de una cúpula de sabios o de una élite endogámica;
  • La proximidad cultural de los íconos opositores con la identidad del grueso de la población electoral venezolana, lo que implica que el pueblo pueda ver a los dirigentes opositores como semejantes desde el punto de vista cultural, social, por su manera de hablar y comunicarse, y por los referentes culturales usados en la comunicación; y
  • La generación de señales creíbles de que el proyecto político, económico y social del futuro estará orientado hacia una democratización de las instituciones políticas y económicas que genere confianza, inclusión, disposición a invertir, movilidad social e igualdad de oportunidades.

Si este mensaje logra articularse políticamente, y comunicarse con claridad hacia el corazón del pueblo “chavista”, entonces habrá fundamento para un prudente optimismo sobre el futuro político de Venezuela.


Una versión de este artículo fue escrita para, y publicada en, elestimulo.com


 

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