La increíble historia del Nobel de Bob Dylan

Foto: Martin Beek

“¿Cuántos caminos debe recorrer un
[hombre
Antes de que sea llamado hombre?
¿Cuántos mares debe atravesar la paloma
[blanca

Antes de dormir en la arena?
Sí, ¿cuántas veces deben volar las balas
[de cañón
Antes de ser prohibidas para siempre?
La respuesta, mi amigo, está en el viento,
La respuesta está flotando en el viento.”

Fragmento de “Blowin’ in the Wind”

Traducción: Claudia Aguirre Walls y Juan Villoro

A esta hora crece la epidemia de urticaria entre muchos de los que esperaban ansiosos el anuncio del Premio Nobel de Literatura de 2016. Unos por ignorancia, otros por preferencias, y no pocos por mentes cuadradas que ven a la literatura desde un barco encallado entre la novela y cierto arquetipo del escritor.

Debo confesar que nunca pensé que mi viaje a Suecia, a esperar en caliente el anuncio de este año, me trajera tanta fortuna periodística como la que descubrí este día. En realidad, mi gloria comenzó exactamente veintisiete minutos después del anuncio. A esa hora pude entrevistar a una de las dieciocho personas que deliberaron y acordaron enaltecer hoy a Bob Dylan. Sería ella quien me revelaría, con detalles, las claves que ahora pretendo  compartir con ustedes.

Mi primera pregunta la formulé con cierto nerviosismo y con palabras bastante accidentadas. La segunda la eructé con cierta dificultad y las finales las esbocé ya sin mucho interés, al vuelo, por mera cordialidad.

– ¿Por qué este año el Comité retrasó la decisión una semana? (Recuérdese que el anuncio de este reconocimiento está programado para producirse el primer jueves de octubre de cada año.)

– Este año tuvimos una discusión muy particular, en la cual hubo lo que podemos llamar “un campeón” o defensor del caso Dylan, y dos grupos polarizados que debieron negociar durante cinco días más de lo previsto. El miércoles cinco de octubre, un día antes de la fecha establecida para el anuncio, se rompieron las negociaciones y uno de los grupos decidió retirarse abruptamente de las conversaciones. Había algunos muy alterados y hasta hubo un colega que sufrió una crisis hipertensiva.  Durante los siguientes cuatro días, quienes más insistíamos en cerrar un acuerdo no pudimos lograr que nos sentáramos de nuevo a conversar. Solo dos colegas tenían acceso a los centros neurálgicos de ambos grupos, y estuvieron yendo y viniendo durante todo el domingo hasta lograr que se aceptara reunirnos de nuevo. Apenas el pasado martes, un poco antes de las once de la noche, fue que pudimos refrendar un acuerdo, gracias a la abstención de uno de los más fuertes opositores – señaló la esbelta y algo petulante profesora de literatura que accedió a conversar conmigo.

– ¿Dónde crees que estuvo la clave del acuerdo en torno a Dylan?

– Yo no estoy segura de que esto sea inédito -continuó nuestra entrevistada-, pero se puede decir que este año, al final del día, los miembros del Comité compraron, sí, compraron una premonición del premio. Resulta que en una de las reuniones cruciales, una colega distribuyó entre los miembros del Comité la traducción de un artículo que había sido publicado en marzo de 2012 en la Revista de la Universidad de México. El artículo se titula “El Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan” y había sido escrito por Pablo Espinosa, un periodista cultural y escritor mexicano. Yo diría que el artículo de Espinosa fue un perfecto presagio y un determinante clave de la decisión del Comité Sueco del Nobel del año 2016. Conozco de cerca los casos de cinco miembros del Comité, a los cuales el artículo de Espinosa terminó de convencer.

En aquel momento tuve un ímpetu de curiosidad y apuré el final de la conversación con nuestra elegante académica. Le pregunté sobre algunas generalidades cuyas respuestas ya conocía y le agradecí por su tiempo.

Necesitaba cerciorarme de que había entendido bien. Así que caminé hasta otro café, ubicado como a doscientos metros de donde había dejado a la bella de la academia sueca y googleé sobre el artículo de Espinosa. Pasaron quince segundos, se abrió un portal y allí estaba, a los pies del índice del número 97 de la Revista de la Universidad Autónoma de México, el profético artículo de Pablo Espinosa. Si en este punto ustedes han sido capturados por una curiosidad semejante a la mía, pueden encontrarlo en este link.

“El hombrecillo se encorva, trastabillea, se clava en las texturas. Algo trae metido el maestro entre pecho y espalda, entre sístole y diástole, en sus venas abiertas a la poesía. Y suena, en el momento del clímax, su armónica como suele sonar un tren que atraviesa la quietud de la noche.”[1]

Hoy Bob Dylan es de nuevo aquel tren que presagió Espinosa. Una tormenta poética que ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2016.

Hay días en que provoca creer.


Notas:

[1]. Espinosa, P. (2012). “El Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan“, Revista de la Universidad de México, Número 97 (Nueva época), pág. 106

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