La tarea de Zapatero: Política ficción en Venezuela

Foto: Bernd Thaller

El último día de octubre de 2016, el termómetro de la ebullición política en Venezuela tocaba una de sus más altas cotas de los últimos meses. Algunos habían aprendido a no esperar nada mientras otros, por fortuna, habían cultivado una confianza mínima. Pero lo cierto es que nada de esto le importaba a ella. Justo antes de desaparecer, Emiliana (nombre ficticio) aún intentaba borrar huellas, desviar la atención en otras direcciones, eludir la más simple mención de su nombre.

En aquel momento, conocer la información que ella conocía se había convertido en un pasivo, en una cuenta por pagar. Varios de sus contactos habían muerto en condiciones demasiado normales. Dos horas más tarde, sin embargo, el mensaje ya había sido entregado e inevitablemente se habían disparado los mecanismos que producirían los próximos acontecimientos.

Yo también me propuse olvidar a Emiliana, y ya creo que lo estoy logrando. Prometo que esta será la última vez que la mencione. De lo que ya no puedo deshacerme es de sus enseñanzas, particularmente del método de análisis y de la idea de que estos juegos no son como el ajedrez, en el que dos jugadores alternan estrategias frente a un tablero descubierto, con rutas preestablecidas para los movimientos de cada pieza o ficha. (El caballo se mueve siempre en eles formadas por cuatro casillas. El alfil se desplaza en diagonal y no puede saltar.) El juego político sería más bien como el póquer o el truco: un juego de información oculta, de engaños, señales y especulaciones.

A estas alturas, usted ya sabe que hay una negociación política en ciernes en Venezuela. El mismo Papa Francisco envió a un cercano emisario a Caracas para facilitar las conversaciones, y tres expresidentes se han desplazado hasta la capital venezolana para asistir directamente en el proceso.

Todas las veces que hablamos sobre el conflicto venezolano, Emiliana me decía que una de las claves para entender este juego pasaba por contestar estas preguntas:

  • ¿Cuál es la facción a la que está representando el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero?
  • ¿Cuáles son los intereses de esa facción?
  • ¿Cuántos aliados clave dentro del chavismo puede conseguir esa facción?

Usted seguro también sabe que el expresidente Zapatero ha tenido un rol clave, controversial pero clave, en el desarrollo del proceso de diálogo y sobre todo en su desenlace más reciente.

Antes de desaparecer, Emiliana me contó sobre la hipótesis que mejor le cuadraba para responder estas preguntas. Ahora yo trataré de contársela a ustedes de la manera más fiel posible:

Zapatero no se representa solo a sí mismo, ni estaría buscando más poder ni dinero del que ya tiene, como piensan algunos opositores medio miopes. Zapatero pudiese ser el mensajero de un sector de la izquierda global que perdería mucho si el chavismo venezolano degenera en una neodictadura latinoamericana. Ya hay un camino recorrido en esa dirección, pero aún podría haber tiempo para revertirlo.

Si el chavismo encalla definitivamente en el lodo dictatorial, entonces movimientos o nuevos partidos como los liderados por Evo Morales (Bolivia), Pablo Iglesias (España) o Rafael Correa (Ecuador), pagarían un alto costo reputacional derivado de su vinculación histórica, filosófica, e incluso personal, con las ideas eficientemente propagadas por Hugo Chávez.

Zapatero bien podría entonces ser el emisario de este grupo, cuya tarea probablemente sea la de coordinar con un sector del chavismo y lubricar un escenario electoral, que aunque implique una transición puntual en Venezuela, permitiría limpiar la cara democrática de la nueva izquierda populista global.

“No pareciera difícil que Zapatero pueda conseguir aliados dentro del chavismo” -señalaba repetidamente nuestra desvanecida amiga. “Principalmente aquellos que le apuesten a mantener posibilidades electorales en el futuro, antes que jugarse el poder en un juego de todo-o-nada.”

Incluso Emiliana iba más allá y señalaba que el Papa Francisco bien podría ser un aliado de Zapatero en esta tarea.

“Comprender qué diablos pinta Zapatero en todo este largo proceso, es un elemento clave para comprender hacia dónde avanzará el juego en los próximos días”, repetía Emiliana dos semanas atrás.

Como suele ocurrir, estas son solo algunas conjeturas dirigidas a traer un poco de luz a un escenario que ha estado demasiado poblado de sombras, tratando de comprender mejor el juego. Abundan los relatos realistas, las crónicas, las explicaciones fáciles y las frases hechas. Lo verdaderamente escaso es el análisis que dibuja claramente los contornos de los intereses en juego y proyecta, de manera adecuada, los escenarios de confluencia o divergencia de estos intereses (y en esto Emiliana es una artista).

“Algunos intereses de la izquierda global pudieran estar coincidiendo con los objetivos de la oposición venezolana, más de lo que mucha gente pudiera sospechar”, fue lo último que dijo al despedirse.

Gracias Emiliana, donde quiera que estés, por mostrarme cómo es que se persigue a las preguntas apropiadas.


 

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