Las redes sociales están destruyendo la civilización

Foto: Oli4.D

Lo más triste es cuando te das cuenta que una de las pocas cosas que te consuelan de tu vida miserable es tu eco en las redes sociales. Tú tienes una mirada de la situación política, unas ideas sobre cómo enderezar a este retorcido planeta, o a tu golpeado país, o a tu áspera ciudad, y entonces comienzas a escuchar a tus amigos en Facebook o a quienes sigues y te siguen en Twitter, y de pronto comienzas a confirmar tus opiniones, reflejadas en lo que dicen quienes piensan como tú, y te parecen adorables porque piensan como tú, y sin darte cuenta estás en una tribu de “amigos” que piensan como tú, al cabo de lo cual entre todos ustedes se confirman que son poseedores de una verdad, porque “no puede ser de otra forma si todos pensamos igual y es lindo estar de acuerdo”, y sentirte parte del Club de la Verdad te hace sentir que estás claro, que has comprendido cosas que un montón de ignorantes desechables no comprenden, y esto te trae una satisfacción que recuerda al orgasmo o al subidón de ciertas drogas, entonces lo mejor es desterrar o bloquear a los ignorantes equivocados brutos cerdos que no comprenden nada, y entonces resulta que así es como evalúas la política, así es como votas por determinados candidatos, así es como te explicas el porqué de los problemas sociales, así es como eres fiel a tu locutor de radio preferido, o a tu programa de noticias predilecto y así terminas, junto a otros como tú, eligiendo a un presidente de la república o a un primer ministro, o apoyando políticas xenófobas o aislacionistas, o gritando frenéticamente junto a una masa de autómatas que apoyan la pena de muerte y la expulsión de los que profesan la otra religión, o gritando como un hincha contra el aborto en caso de riesgo de muerte de la madre, o apoyando con paroxismo a los diputados que piensan que la delincuencia se minimiza si los policías tienen más prerrogativas para detener a las personas, sin que haya sospechas basadas en una investigación, porque ellos saben, porque ellos han aprendido que hay rasgos o vestimentas o colores de piel o tatuajes que identifican a los delincuentes, o creyendo fervientemente que las amenazas a las empresas que producen fuera del país ayudarán a incrementar el empleo local de manera sana y sostenida, o que denigrar de los extranjeros nos hará más seguros, o que obligar a las empresas a fijar determinados precios ayudará a bajar la inflación o a tener productos más baratos.

Una Cámara de Eco, en la jerga de los estudiosos de los medios de comunicación, es una metáfora que permite describir aquellas situaciones en que información, ideas o creencias son amplificadas por transmisión y repetición en un sistema cerrado, en el cual todas las visiones diferentes o rivales son censuradas, prohibidas o representadas como minoritarias, falsas o equivocadas. Este término es una analogía de las cámaras de eco acústicas, en las cuales los sonidos reverberan al chocar contra paredes opuestas.

Cuando esto depende de nuestras propias decisiones, parece inevitable que nos adentremos en estas cámaras. Para evaluarlo, si tienes cuenta de Twitter, puedes pensar en cómo es el proceso mediante el cual decides a quién seguir, a quién y por qué dejar de seguir y a quiénes bloqueas o te bloquean. Hay posturas u opiniones que en determinados momentos resultan tóxicas o insoportables. En el mejor de los casos las puedes ver como otra mirada, también puedes ignorarlas y hacer que te resbalen como si chocaran contra un cristal lubricado, pero muchas veces es difícil tolerar la repetición de lo intolerable.

Ahora imagínate lo que ocurre si la propia red social que visitas a diario, Facebook o Twitter, por ejemplo, selecciona lo que aparecerá en tu pantalla según la frecuencia de tus clics o likes. La cámara se cierra, el sonido se magnifica y el eco aumenta su terca repetición. En relación con determinados temas esto es trivial o benigno. Pero piensa en su efecto en tus decisiones políticas, en las explicaciones de causa-efecto que comienzas a creer como ciertas sobre temas de políticas públicas. ¿Cuál es la mejor política pública para reducir la delincuencia, o para elevar el empleo de manera poco distorsionante, o para que haya más igualdad de oportunidades, o para que tu país sea más seguro frente a las amenazas terroristas, o para enfrentar el cambio climático? Pregúntate si razonar desde una cámara de eco puede conducir a malas decisiones colectivas sobre los temas mencionados. En este punto, el asunto deja de ser trivial.

En un reciente artículo, titulado “Echo Chambers on Facebook“, Walter Quattrociocchi (del Laboratorio de ciencia social computacional de Lucca, Italia), Antonio Scalia (del Instituto de sistemas complejos de Roma) y Cass Sunstein (de la Escuela de leyes de Harvard), presentan los resultados de su investigación sobre la existencia de cámaras de eco en las redes sociales. Su investigación se enfocó en cómo los usuarios de Facebook, tanto de EEUU como de Italia, se relacionan con las narrativas clave sobre ciencia y teorías de la conspiración, y para su análisis evaluaron los comportamientos alrededor de 478 páginas de Facebook en los EEUU y 73 en Italia, relacionadas con noticias clave en los ámbitos referidos. Para tener una idea de las dimensiones de la interacción alrededor de estas páginas, los investigadores reportan que el número total de likes de las páginas estudiadas fue de poco más de 9 millones, en el caso de Italia, y de 603  millones, en el caso de EEUU.

Uno de los hallazgos más elocuentes del trabajo de estos investigadores fue que, tanto en relación con la ciencia como con las teorías conspirativas, las explicaciones intencionalmente falaces son comúnmente aceptadas y compartidas entre usuarios, y la información que desacredita a los planteamientos falaces es sistemáticamente ignorada. Encontraron también que explicaciones falsas o inexactas se diseminan rápidamente entre muchos usuarios que piensan de manera similar, que esto genera una suerte de “cascadas informacionales” en las cuales la información falsa corre en una dirección y regresa generando su confirmación, todo esto confinado dentro de cámaras de eco. En particular, se encontró que cuando los usuarios discuten estos temas en-línea, dentro de estas cámaras de eco, sus creencias se tornan cada vez más extremas o polarizadas: mientas más largas son las discusiones, los sentimientos y emociones mostrados tienden a ser más negativos.

Finalmente, estos investigadores encontraron que, con respecto a los temas estudiados, se forman comunidades de usuarios que piensan de manera similar y que estas comunidades son relativamente cerradas, en el sentido de que no interactúan unas con otras. Por ejemplo, quienes están a favor de una teoría conspirativa interactúan solo con quienes comparten su visión, y no se comunican ni interactúan con quienes tienen opiniones contrarias.

Conclusiones

Aunque hay claras limitaciones en los datos estudiados por los autores citados, estas investigaciones constituyen señales de alarma sobre la relación entre nuestras apreciaciones y las cámaras de eco que se generan en las redes sociales. En estos espacios virtuales, resulta mucho más fácil escapar de la interacción con puntos de vista opuestos o distintos, sobre todo si lo comparamos con la interacción física en espacios como universidades o foros presenciales de discusión.

En términos del desarrollo de los espacios cívicos y ciudadanos en los cuales las sociedades discuten los temas políticos relevantes, un aspecto que resulta clave es que puedan abrirse posibilidades para evaluar temas delicados o neurálgicos con base en el razonamiento moral, lo cual implica escuchar opiniones distintas, evaluar las explicaciones y propuestas de política con base en los hallazgos estadísticos y cualitativos provenientes de las academias, y en exponernos a una diversidad de opiniones, estudios y explicaciones metodológicas.

Esto último pareciera que puede ser cercenado si caemos presa de los efectos de manada, y de los comportamientos de tribu que son exacerbados por la dinámica de las redes sociales. Por supuesto, no se trata de abjurar acríticamente de estas, observando solo sus riesgos y no sus beneficios, pero es importante observar con detenimiento cuáles son las dinámicas circulares que podrían constituirse en una base homogénea y acrítica de nuestras decisiones colectivas.


 

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