Pizzagate: ¿Por qué germinan fácilmente algunas teorías conspirativas?

Foto: Dario-Jacopo Lagana'

El domingo 4 de diciembre de 2016, Edgar Maddison Welch se despertó con la decisión de hacer justicia por su propia mano. Al mediodía, tomó su pequeño arsenal y se dirigió hacia una pizzería situada en el noroeste de Washington, la capital estadounidense, dispuesto a investigar una conspiración que había sido revelada durante la reciente campaña electoral. En el asiento del copiloto colocó un rifle de asalto AR-15, un revolver Colt calibre 38, una escopeta calibre 12 y un cuchillo especial para degollar con un solo trazo.

A las 2:30 pm, Welch atravesó el umbral de la pizzería Comet Ping Pong y encañonó a Dave Ayoub, un empleado que aún tenía las manos salpicadas de harina de trigo italiana. Ante la mirada estupefacta de Ayoub, Welch apuntó el fusil AR-15 hacia la pared a su izquierda y disparó una ráfaga destrozando las fotos que mostraban a varios actores de hollywood mientras comían las pizzas más emblemáticas del local. Por fortuna, Welch se rindió a los pocos minutos y abandonó el local con las manos en la cabeza antes de que alguien resultara herido.

Todo comenzó cuando, en la vorágine de la campaña presidencial, David Goldberg, un abogado neoyorquino partidario de Donald Trump, escribió en su cuenta de Twitter acerca de supuestas filtraciones de la policía de Nueva York que supuestamente confirmaban la existencia de una red de pedofilia vinculada a Hillary Clinton. El tuit de Goldberg fue retuiteado más de 6.500 veces y algunos portales dedicados a difundir noticias falsas contribuyeron a propagar la apócrifa existencia de una red de pedófilos que operaría en varios restaurantes de la capital estadounidense. Uno de estos locales fue el elegido por Welch para su vendetta personal.

Aunque no se ha encontrado evidencia de la existencia de esta red de pedofilia, la teoría de la conspiración subyacente encontró eco entre los partidarios de Trump y por poco no dejó sus propios charcos de sangre. Más allá de lo anecdótico, el caso conocido como “Pizzagate” es un vehículo idóneo para explorar sobre la propensión de muchos de nosotros a creer con facilidad en algunas teorías conspirativas.

Los mecanismos  de transmisión de las teorías de la conspiración

En un artículo sobre el tema, Cass Sunstein y Adrian Vermeule, profesores de las escuelas de leyes de Chicago y Harvard, estudian cómo surgen y se diseminan las teorías conspirativas. Estos autores definen las teorías de la conspiración como esfuerzos para explicar algunos eventos o prácticas como resultado de las maquinaciones de gente muy poderosa, que tiene la capacidad para ocultar su rol en la conspiración. Como ejemplos, Sunstein y Vermeule citan las atribuciones de que la CIA asesinó a John F. Kennedy, la acusación de que el virus del Sida fue manufacturado y diseminado estratégicamente, y la idea de que el alunizaje del Apolo 11, en 1969, nunca ocurrió y que la transmisión de la caminata lunar de Neil Armstrong fue un simple montaje televisivo.

La discusión apunta entonces a que existen conspiraciones reales, frente a las cuales las defensas son la existencia de instituciones de vigilancia y contrapesos y un robusto periodismo de investigación, pero que en realidad existirían mucho menos conspiraciones que las que son creídas por mucha gente, y que estas creencias pueden ser muy peligrosas en determinados momentos, como muestra la acción de Welch en la pizzería de Washington. Por ello es clave conocer cómo surgen y se diseminan estas teorías.

  1. Oferta y demanda de rumores y especulaciones. Algunas teorías conspirativas surgen del trabajo de lo que Sunstein y Vermeule llaman “emprendedores conspirativos”, los cuales son individuos que esperan obtener ganancias financieras o políticas (o ambas) a partir de la propagación de especulaciones y rumores. Éstos son un componente clave de la oferta de teorías conspirativas. Por otro lado, la indignación y la rabia que emergen cuando ocurren eventos criminales crean un terreno fértil para la canalización de estos sentimientos hacia un objetivo específico. Las teorías conspirativas ayudan a identificar claramente a estos objetivos.
  2. Cascadas conspirativas y el rol de la información. Imagínese que ocurre un evento criminal o un resultado indeseable y la gente desea asignar la responsabilidad de este. Imagine, también, que los miembros de un grupo anuncian su visión de manera secuencial. Cada individuo evalúa la visión de los que le precedieron y la convergencia de las visiones previas incrementa la posibilidad de alineamiento de las visiones sucesivas con la visión convergente. Esto es lo que se llama una “cascada informacional”.
  3. Cascadas conspirativas y el rol de la reputación. En muchos casos, las personas se alinean con ciertas ideas con el objetivo de ganar o mantener la buena opinión que los otros tienen de ellos: Si al contradecir una idea alguien puede ser estigmatizado como tonto o ingenuo, esta persona puede inhibir su propia idea y alinearse con la opinión dominante en el círculo social en el que busca su aceptación.
  4. Cascadas conspirativas y el rol de la disponibilidad. En algunos casos está “disponible” un hecho o evento notorio que es capaz de alimentar una cascada. Por ejemplo, el ataque contra las torres gemelas del 11 de septiembre de 2001, disparó una cascada conspirativa contra los musulmanes, en general. Similares cascadas pueden ocurrir en contra de los inmigrantes, después de algunos eventos aislados o singulares.
  5. La polarización política, racial o social. En sociedades o contextos polarizados en posiciones extremas, las personas buscan mantenerse en su propio grupo, el cual tiene su propia identidad, y evitan ser confundidos con sus rivales. La supresión de opiniones disidentes y el alineamiento con las ideas compartidas son vías para diferenciarse de sus opuestos.

Conclusiones

Aunque Sunstein y Vermeule admiten que algunas conspiraciones efectivamente existen (como el caso Watergate), ellos se enfocan en los mecanismos que facilitan la proliferación de muchas teorías conspirativas cuya probable existencia no tiene ningún asidero en la realidad. La idea no es que las conspiraciones no existen, sino que resulta poco creíble que muchas personas logren coordinarse para conspirar y que toda la trama pueda permanecer en secreto durante largos períodos.

Por una parte, como señala la teoría de juegos (ver Dilema del prisionero), basta que entre los participantes surjan intereses disímiles para que algunos de ellos tengan incentivos a comportarse de manera oportunista y violar los acuerdos. Las amenazas creíbles de muerte o retaliación pueden disciplinar a los participantes, pero aún así subsisten los incentivos a traicionar o a revelar información clave de la conspiración.

Por otra parte, la existencia de un periodismo de investigación serio e independiente reduce la duración de los secretos en que se basan las conspiraciones. El caso Watergate es un buen ejemplo de los elementos que desafían la sostenibilidad de las conspiraciones. En 1972, todo el poder del presidente de los EEUU se propuso encubrir el hecho de que su administración había estado espiando a rivales políticos y otras personas clave. Sin embargo, la independencia de los poderes públicos (la Corte Suprema dictaminó que la presidencia debía entregar las grabaciones y el Congreso realizó un procedimiento que conduciría a un impeachment) y la existencia de una prensa libre (la investigación de dos periodistas del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein fue clave en la obtención de las pruebas incriminatorias de la presidencia), se conjugaron para que Richard Nixon se viera obligado a renunciar a la presidencia de los Estados Unidos en agosto de 1974.

La separación e independencia entre los poderes públicos, las leyes que garantizan el acceso ciudadano a la información pública (leyes de transparencia), la presencia de un periodismo de investigación serio, robusto e independiente, que hurgue sin pausa en la clarificación de los hechos, todos estos son elementos que desincentivan las conspiraciones y reducen, por tanto, la credibilidad de muchas de estas.

Hemos visto que diversos mecanismos facilitan la propagación de falsas conspiraciones. La transparencia de la relación entre política y negocios juega un rol clave para limitar los nutrientes de estas teorías y prevenir los efectos perniciosos de algunas de estas. Ya lo sabemos: el secretismo y la oscuridad son el alimento básico de la especulación conspirativa.


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