Política y Novela Negra

Foto: Valentos SG

La novela negra es una variante de la novela policial en la cual el detective, investigador o policía, según sea el caso, es testigo y sujeto de un mundo sórdido, injusto y lacerante. El crimen parece muchas veces una excusa, un vehículo del narrador para dar cuenta de un mundo de sombras y contradicciones, de derroches y miserias, donde destacan el peso del poder del dinero y la parcialidad de la justicia.

En ese entorno, el detective suele destilar cierto cinismo tras el cual se esconde una ética estoica, que muchas veces  lo lleva a jugarse el pellejo por los débiles y a no transigir ante la corrupción de los poderosos y sus secuaces.

Mi primer gran hallazgo en este suburbio del género policial que es la novela negra fue Dashiell Hammett, creador de un querido personaje llamado Sam Spade. Éste último es el protagonista de El Halcón Maltés, novela de Hammett llevada al cine y donde Spade fue encarnado por el célebre Humphrey Bogart.

Dashiell Hammett fue también todo un personaje. Abandonó el colegio a sus trece años, fue detective de la Agencia de detectives Pinkerton (una de las más antiguas empresas de investigaciones y seguridad privada de los Estados Unidos) entre sus 21 y 28 años, y peleó bajo la bandera estadounidense en las dos guerras mundiales. Pero Hammett combinaba este ímpetu por la acción con unas convicciones políticas a prueba de balas.

Abandonó la Agencia Pinkerton en 1922, debido a su incomodidad con que esta ofreciera a las empresas servicios de seguridad para romper huelgas. En 1937 se inscribió en el Partido Comunista y al regresar de la guerra, en 1946, fue designado presidente del Congreso por los Derechos Civiles (CRC, por sus siglas en inglés). Debido a este último rol, fue encarcelado en la década de 1950, durante aquel período gris conocido como el “Macartismo”, tras negarse a dar los nombres de los contribuyentes de un fondo creado por el CRC para liberar a prisioneros acusados de actividades subversivas.

Pese a sus convicciones políticas, las novelas y los cuentos de Hammett, al menos los que yo conozco, nunca se acercaron al panfleto. La denuncia implícita en sus tramas y personajes nunca fue acartonada ni ideológicamente delirante. Pero después de Hammett, es inevitable sentir cierta inclinación de la novela negra hacia la izquierda política.

Aun en el género policial más descolorido que lo que hacía Hammett, es común encontrar estas afinidades ideológicas. Como ejemplos saltan el español Manuel Vázquez Montalbán, creador de un detective-gastrónomo llamado Pepe Carvalho, el italiano Andrea Camilleri, padre literario del singular Inspector Montalbano (llamado así en honor a Vázquez Montalbán), el griego Petros Márkaris, quien da vida al comisario Costas Haritos, o el cubano Leonardo Padura, progenitor del insobornable Mario Conde.

Pero volviendo a la oscuridad de la novela negra, quiero hablar del caso de México. En el país de los Aztecas he encontrado huellas de lo que pareciera una regla, pero también he encontrado una maravillosa excepción.

El primer caso es Paco Ignacio Taibo II, quien revela cierta influencia “hammettiana” en la construcción de su personaje central: Héctor Belascoarán Shayne.

Belascoarán es un detective principista, romántico, poco amigo del dinero, cuya semblanza se mueve entre el cartón y una entrañable simpatía. “Cuanto más complicado mejor; cuanto más imposible más bello”, se repite Belascoarán Shayne a sí mismo, recordando la máxima de su padre biológico.

“Esta conciencia social adquirida por motivos emergidos de un humanismo elemental, primitivo, de una valoración de la situación eminentemente superficial, de una conciencia política construida desde el interior del mundo personal del detective, le permitía al menos concebir México desde una perspectiva acre, desde una posición crítica, desde afuera del poder y el privilegio.” Así habla Taibo de de su personaje en una novela llamada Cosa Fácil, publicada en 1977.

Pero hace unos días, casi por accidente, llegué al mexicano Rafael Bernal, autor de El Complot Mongol, publicada en 1969. Bernal crea en esta novela un clima oscuro y decadente, en el cual navega Filiberto García, policía y matón, herramienta criminal de políticos y militares, que se revela como un ejecutor sin alma que despreciaba las propiedades terapéuticas de la risa y el amor. Con toda su brutal y básica eficacia criminal, Filiberto García, al final, cambia la fidelidad administrativa hacia sus superiores por la venganza del corazón.

“…Sí. Martita está muerta, muy sola con su muerte. Y yo solo con mi vida. Y del Valle y el General y todos ésos también andan ya con su muerte. Y yo solo con mi vida. Como que me van dejando atrás. Como que yo siempre estoy en la puerta, abriéndola para que pasen los que se van con su muerte. Pero yo me quedo afuera. Y ahora Martita ya entró y yo sigo fuera.”

Buen gusto me dejó El Complot Mongol. Narrada con la cadencia del habla mexicana, entretenida e hiriente, destila el lúgubre romanticismo de la clásica novela negra. Y lo hace con una elegancia que se agradece.

Pero resulta que Bernal era de derecha, crítico de la revolución mexicana y partidario del Sinarquismo mexicano (movimiento político social y cultural, cuyos miembros definían su ideología como nacionalista, anticomunista, católica, popular, nacionalsindicalista y Social Cristiana). Y esto crea barreras en ciertos medios culturales.

Tan es así, que el escritor mexicano Juan José Rodríguez, señaló en el 2012, en una conversación sobre los 40 años de la muerte del autor recogida por el diario mexicano El Universal, que “lo que más ha opacado la obra de Bernal, no es tanto el éxito del El Complot Mongol, sino sus filiaciones políticas. El señor creyó en el sinarquismo, era alguien de derecha y eso es un pecado que, para muchas generaciones tanto de izquierda como ligadas al priismo[1] tradicional en el poder, fue un asunto difícil de digerir o, simplemente, aceptar.” [2]

Si algo he aprendido con los años, es a que mis prejuicios políticos e ideológicos no me priven de apreciar el buen arte. ¿Y qué es tal cosa como el buen arte? Simplemente el que me gusta, me conmueve o me deja pensando.

Seguro que usted tiene su propia definición.


Notas:

[1]. Referido al Partido Revolucionario Institucional (PRI), el cual retuvo la presidencia de México ininterrumpidamente entre 1929 y el año 2000.

[2]. “Rafael Bernal el pionero de la novela policiaca”. Diario El Universal, México. http://archivo.eluniversal.com.mx/cultura/69817.html

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