Regulaciones virtuosas: Nueva Ley Chilena de Etiquetado de Alimentos

Foto: Pavel Gómez

El 27 de junio de 2016 comenzará a regir en Chile la nueva Ley de Composición Nutricional de los Alimentos y su Publicidad, conocida coloquialmente como “ley de etiquetado de alimentos”.

Uno de los objetivos centrales de esta nueva normativa es mejorar la efectividad de la recepción de información nutricional por parte de la población. En particular, en aquellos casos en los cuales los alimentos presentan contenidos excesivos de determinados nutrientes.

Un supuesto clave de esta nueva Ley, y de su reglamentación, es que “existen antecedentes científicos y técnicos que demuestran la relación entre el consumo excesivo de grasas saturadas, sodio, azúcares y energía y el desarrollo de obesidad y otras enfermedades no transmisibles.”[1]

Chile: Líder sudamericano en Sobrepeso y Obesidad femenina

Las estadísticas más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran que Chile es líder de sobrepeso en Sudamérica y ocupa el tercer lugar en todo el continente americano, solo detrás de México y los EEUU. En el caso de la obesidad femenina, se mantiene el mismo orden descrito para el sobrepeso, con Chile liderando el indicador para Sudamérica.

El indicador estimado por la OMS es el Índice de Masa Corporal  (BMI, por sus siglas en inglés), el cual se calcula dividiendo el peso de una persona, en kilogramos, entre el cuadrado de su altura, en metros. El criterio estándar es que un resultado mayor a 25 indica sobrepeso, y mayor a 30 indica obesidad. Como puede observarse en la infografía realizada por el Diario español El País, con base en los datos de la OMS, Chile registró en 2014 un indicador promedio global de 27,8 (sobrepeso) y las mujeres chilenas registraron para esa misma fecha un indicador promedio igual a 32,2, el cual sugiere obesidad.


Foto: OMS-Diario El País

Infografía:  Diario El País – Con base en cifras de la OMS


Pero el problema latente puede ser aún mayor de lo que muestran las cifras anteriores. En el caso de Chile, el BMI promedio aumentó entre 2010 y 2014, desde 25,3 hasta 27,8. Además, la incidencia de sobrepeso en los niños es alarmante. Según los estudios realizados por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, la obesidad infantil mostraba en el año 2014 cifras cercanas al 30%.

“Esto es de gran trascendencia para el futuro del país, ya que las primeras tres causas de altas hospitalarias son por hipertensión arterial, diabetes y obesidad, las tres directamente relacionadas con la alimentación”, señalaba Fernando Vio del Río, Profesor Titular de la Universidad de Chile y Académico del INTA en un artículo publicado en el 2014.[2]

Los detonadores

Como sugieren los especialistas, la obesidad y el sobrepeso, en general, y la obesidad infantil, en particular, son factores de riesgo vinculados con la incidencia de enfermedades cardiovasculares, diábetes y cáncer.

Podemos inferir entonces que la externalidad negativa que generan el sobrepeso y la obesidad a toda la sociedad es de magnitudes preocupantes, y que esto actúa como el disparador o detonante principal de los cambios regulatorios como la nueva Ley de Etiquetado de Alimentos.

La “idea-pivote” sería algo así: las decisiones de consumo de alimentos y de nutrición asociadas estarían siendo afectadas significativamente por la información disponible para el consumidor en el momento de la decisión de compra.

La estridencia del impacto de los patrones alimenticios o nutricionales de la población en el deterioro de los indicadores de sobrepeso y obesidad, por una parte, y la traducción de estos indicadores en los gastos de salud del Estado y de las familias chilenas, por la otra, han generado una presión política tan relevante que ha impulsado a una mayoría de los parlamentarios chilenos a aprobar la comentada Ley.

El cambio regulatorio

Con la nueva Ley de Etiquetado de Alimentos se obliga a las empresas a mostrar de manera llamativa los excesos de determinados componentes, mediante la inclusión de octágonos llamativos de color negro en los envases que señalan “Alto en…”, para los casos de al menos cuatro categorías:

  • Grasas saturadas,
  • Calorías,
  • Sodio, y
  • Azúcares
Foto: Ministerio de Salud de Chile

Foto: Ministerio de Salud de Chile

La discusión teórica subyacente: Economía neoclásica, Economía conductual y Nudge   [3]

Más allá de la discusión sobre este cambio regulatorio en sí mismo, hay una discusión que para mí resulta muy atractiva: la discusión sobre las hipótesis o teorías económicas que subyacen a este cambio.

El modelo de la elección racional

Durante el último siglo, el modelo dominante en el análisis de cómo elegimos los consumidores ha sido uno conocido como El Modelo de la Elección Racional. Este es el modelo básico que es tradicionalmente estudiado en los cursos de microeconomía, en la mayoría de las universidades del planeta. Ha ganado su reputación debido a que es un modelo robusto, relativamente sencillo y con una alta capacidad para predecir situaciones del “mundo real”.

Bajo este modelo, los individuos tomamos decisiones combinando nuestras preferencias (¿qué cosas o resultados nos gustan más que otros?) con las restricciones que enfrentamos (¿Qué nos impide acceder a lo que nos gusta? ¿Ingreso? ¿Tiempo? ¿Información?). Bajo este modelo, las preferencias son tomadas como dadas, exógenas, y sobre todo como “independientes de las referencias”. Donde esto último significa que la elección de un consumidor no se ve afectada si es que la etiqueta señala que un producto es “95% libre de grasas” o si se dice que el producto contiene “5% de grasa”. La referencia no es relevante para los resultados, ya que ambas maneras de especificar el contenido de grasa serían idénticas.

El modelo conductual

Como suele ocurrir en la ciencia, cuando surgen observaciones de situaciones o resultados que contradicen las predicciones del modelo A, entonces se buscan modelos alternativos que permitan explicar la evidencia o los hallazgos en contrario. En términos generales, diríamos que tenemos la necesidad de buscar esquemas de explicación diferentes.

La economía conductual es un método de análisis económico que aplica al análisis del proceso de toma de decisiones económicas algunas proposiciones de la sicología y la neurociencia cognitiva sobre la conducta de los humanos. En particular, la economía conductual nos habla sobre cómo las preferencias son afectadas por variables emocionales, cognitivas y sociales.

A partir de incorporar este aprendizaje que podríamos llamar “inter-ciencias”, la economía conductual realiza predicciones sobre la conducta individual que son falseables y contrastables empíricamente. En este sentido, esta rama de la economía es un complemento del modelo de la elección racional. Se modifican algunos supuestos, pero muchos otros son conservados de manera que se tiene cierto “enriquecimiento” del modelo inicial.

En primer lugar, se modifica el supuesto de exogeneidad de las preferencias y se incorpora el hecho de que las preferencias de un individuo pueden depender del contexto y la situación en que éste se encuentre. Se postula entonces, por ejemplo, que las personas pueden evaluar las variaciones con respecto a un punto de referencia, lo cual se denomina “Anclaje”.

Como señala Cass Sunstein, en un ensayo titulado Regulación Informada Empíricamente:

  • Las personas pueden ser influenciadas por la manera como la información es presentada o “enmarcada”. Por ejemplo, si un producto es etiquetado como “90% libre de grasa” puede ser más atractivo para los consumidores que si es etiquetado como que contiene “10% de grasa”; y
  • La información que es vívida o que resalta a la vista puede tener un mayor impacto en la conducta que la información que es estadística y abstracta. Por ejemplo en relación con la salud del público, la información que es presentada de manera más expresiva o impresionante puede ser más efectiva, o capturar mejor la atención, que la información más abstracta de las estadísticas de riesgo.

A estas alturas es muy fácil notar que el cambio regulatorio chileno está basado en los hallazgos de la economía conductual experimental. Muchos de los postulados de este híbrido entre el modelo de elección racional y los postulados de la sicología han sido contrastados empíricamente usando experimentos con personas. Lo que se ha dado en llamar la economía experimental es una rama que ha germinado en los últimos años y ha dado valiosos frutos para el análisis de los efectos de la regulación.

Aplicaciones al diseño regulatorio

La arista de la economía que se ha concentrado en el análisis de las elecciones, con fines principalmente de calibración regulatoria, es lo que se ha denominado “Empujoncito” ( o Nudge, en inglés): Un cambio en la arquitectura de elección que influencia la decisión de un individuo sin ser intrusiva, en términos de la microeconomía, es decir, sin restringir el conjunto de elecciones alcanzables ni elevar los precios de los productos.

En el caso de los alimentos, estaríamos hablando literalmente de “Empujón Asistido” o “Assisted Nudge”, lo cual significa que las firmas son reguladas cambiando la arquitectura de elección, sin limitar la elección del consumidor directamente, sino, por ejemplo, requiriendo a las empresas que revelen la información de sus productos de determinada manera. [4]

Conclusiones

El cambio regulatorio expresado en la nueva Ley de Etiquetado de Alimentos de Chile parece inspirado en las proposiciones de la economía conductual. Frente a una demanda política de intervención, dirigida a atacar un problema de salud implícito en las elecciones de consumos de alimentos de las familias, el regulador eligió usar los preceptos del Nudge, específicamente, del “Assited Nudge”, antes que modificar los precios usando impuestos o subsidios, o usando prohibiciones.

El regulador eligió usar una herramienta que no es intrusiva ni en los precios ni en el conjunto de elecciones factibles del consumidor. En términos económicos diríamos que este es un tipo de regulación poco distorsionante de la eficiencia.

Anecdóticamente, puedo decir que mis propias decisiones de compra se han visto modificadas desde que han comenzado a aparecer los productos en el supermercado con las nuevas etiquetas. El comportamiento agregado pudiese observarse en el corto plazo, si el regulador tuviese acceso a los patrones de compra, que están reflejados en las estadísticas de los sistemas de fidelización y registro de compras que las grandes cadenas de retail tienen asociados a sus “clubes de clientes” (“Mi Club Lider”, en el caso de Walmart-Chile).

Para evaluar el éxito relativo de esta estrategia regulatoria, debemos observar al menos dos cosas. Lo primero es si hay variaciones relevantes en las decisiones de consumo de las familias, y consecuentemente en los índices de sobrepeso y obesidad. Lo segundo es si las empresas cambian la composición de los alimentos, hacia mezclas más saludables, como una manera de evitar alcanzar los límites a partir de los cuales se requiere de cierto tipo de etiquetado.

 


Notas:

[1]. Gobierno de Chile. Ministerio de Salud. Decreto que otorga curso legal al Reglamento del la Ley de Etiquetado de Alimentos. Disponible en: http://web.minsal.cl/wp-content/uploads/2015/08/decreto_etiquetado_alimentos_2015.pdf

[2]. Vio del Río, Fernando. Ausencia de Políticas Públicas para Enfrentar la Obesidad Infantil en Chile. Nutrición y Vida. Disponible en: http://nutricionyvida.cl/ausencia-de-politicas-publicas-para-enfrentar-la-obesidad-infantil-en-chile/

[3]. Esta discusión está basada en un estudio de la Oficina de Buenas Prácticas Regulatorias del Gobierno de Australia, titulado “Influencing Consumer Behaviour: Improving Regulatory Design”. Diciembre de 2012. Disponible en:  http://ris.dpmc.gov.au/2012/12/18/obpr-research-paper-influencing-consumer-behaviour-improving-regulatory-design/.

[4]. Idem, Página 8.

Facebook Comments
Comparte y/o like esta entrada:

Be the first to comment on "Regulaciones virtuosas: Nueva Ley Chilena de Etiquetado de Alimentos"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*


A %d blogueros les gusta esto: