Uribe ha perdido con el NO: Política Ficción en Colombia

Foto: Damian Gadal

 


Hace ya siete días desde que aterricé en Bogotá, ciudad maravillosa a la que me he trasladado para analizar, in situ, los intríngulis del plebiscito sobre el Acuerdo de Paz.

Mi tarea es dibujar escenarios, desnudar elementos del juego político que no son obvios para los tomadores de decisiones, destacar los detalles que se les escapan a los asesores. Todo esto hilvanado en una visión que tenga sentido y sea coherente con los principios de la interacción estratégica.

No voy a distraerlos con glosas metodológicas ni con alardes teóricos que pueden lucir fuera de lugar. Pero créanlo, este tejido de posibilidades ha salvado vidas, evitado costosas guerras y prevenido catástrofes políticas. El análisis consiste en aplicar un criterio a unas determinadas secciones de información, analizar los cambios en la situación de las partes, abstraerse un poco para ver la película completa y, con base en todo esto,  presentar unas ideas a personajes que poseen las verdaderas palancas de la influencia.

Vayamos al grano.

Principales líneas de análisis:

1. Con el resultado del plebiscito del domingo 02 de octubre de 2016 el gran ganador es el equipo negociador del gobierno.

Supongamos que el objetivo de los miembros del equipo negociador del gobierno es alcanzar la paz con el menor grado de impunidad posible. Imagínese que el acuerdo votado representaba lo mejor que pudo alcanzar un negociador. Una victoria del Sí representaba permanecer en un corte de la negociación, justo a donde  alcanzó a llegar el acuerdo. Una victoria del No implica la necesidad de correr un poco las condiciones del acuerdo (hacia una menor impunidad o mayores barreras de acceso al sistema político), dada la legitimidad comprada por el resultado de un evento electoral en el que participaron todas las partes.

La victoria del No, y la significación del primer evento electoral en el que participan directamente las FARC, es entonces un elemento que le otorga a los negociadores gubernamentales la legitimidad para empujar los términos del acuerdo un poco más a su favor. Si hubiese ganado el Sí, las FARC hubiesen reclamado que aquel resultado legitimaba las concesiones de impunidad logradas. Pero resulta que se ha impuesto el No y ahora el costo de salida para las FARC se ha elevado sustancialmente.

2. Si se saben dominar algunas tensiones, el presidente Santos podría también derivar ganancias reputacionales de largo plazo.

El camino que él recorrió hacia la paz es visto ahora como parte del camino ganado. El resultado supone la mejora del acuerdo más que su desaparición. Santos podría entonces aún ser el presidente que firmó el acuerdo de paz, un mejor acuerdo de paz que el propuesto inicialmente, y el líder de un proceso de inclusión política exitoso. Sin el camino andado por él, ese acuerdo no sería posible, y sin el proceso liderado por él, no habría sido posible cerrarlo.

3. El gran perdedor del plebiscito son las FARC.

Este grupo y sus aliados cercanos le apostaron a la legitimación electoral de las negociaciones, del acuerdo y sobre todo de su compromiso con la competencia política institucionalmente regulada. Ahora se encuentran en un punto en el que la mitad del país que se manifestó apoya el acuerdo y el camino institucional de resolución de los desacuerdos políticos, y este camino implica la aceptación de las reglas de juego electoral y la necesidad de negociar políticamente a partir de la representación ganada en elecciones. Las FARC ganó un grado de representación, pero a cambio está obligada a reconocer la representación de los defensores del No.

Las primeras manifestaciones de los miembros de las FARC apuntan a que el plebiscito no tiene valor jurídico, sino sólo valor político, y como tal no incide en los acuerdos. Pero este es un argumento inconsistente. En democracia, las divergencias extremas se resuelven políticamente. La verdad política está a menudo por encima de la verdad jurídica. Esta postura inicial solo revela su expectativa de que tendrán que ceder un poco más y sólo persigue enviar una señal que permita administrar de la mejor manera a las inevitables concesiones. El costo de retroceder demasiado es ahora muy alto para el grupo guerrillero.

4. El resultado tiene fuertes efectos encontrados para Álvaro Uribe.

La idea de que Uribe estaría hoy en el peor escenario posible, se la debo al escritor y analista político colombiano Yezzid Arteta Dávila.  En un artículo publicado pocas horas después del plebiscito, en la revista Semana, Dávila señala que el uribismo hubiese estado más cómodo en un escenario en el que el Sí ganaba por un estrecho margen. Esto le hubiese permitido capitalizar las ganancias derivadas de liderar la oposición de la mitad del país al acuerdo, sin tener que pagar los costos derivados de estar adentro de la negociación y ser responsable de las concesiones inherentes a esta. Ahora el uribismo perdió esa opción.

En los últimos días de campaña por el No, el desafío de los opositores al acuerdo era ganarse a los sectores moderados. Para esto, debieron hacer creíble la idea de que ellos querían la paz, “pero no la paz del acuerdo inicial”. Ahora, tienen la aprobación electoral para negociar esa mejor paz, pero esto implica aceptar el costo de los compromisos necesarios para cerrar un mejor acuerdo.

Por unas horas debo detener este análisis, mientras mis fuentes actualizan la información sobre lo que ocurre en La Habana.

Este primer reporte incluye sólo los grandes rasgos de un juego mucho más complejo y sofisticado. Así se lo he hecho saber a quienes compran mis servicios. Ellos me piden que les diga algo distinto al ruido básico y mecánico que producen los medios convencionales. “Esto es simple política ficción”, les repito una y otra vez, pero mis clientes se empeñan en pagar por escuchar de estas elucubraciones.

Mientras tanto, yo disfruto de los buenos cafés, de las librerías y de largas caminatas por una ciudad que un día fue infernal pero que hoy se me regala amable.


 

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