¿Usted duda que Venezuela sea una dictadura?

Foto: Markus Krispler

Un eufemismo es la expresión suave o decorosa de una idea cuya directa y franca manifestación sería dura, malsonante o hiriente para algunas personas. Hay ocasiones en que el uso de un eufemismo nos permite ganar en sostenimiento de la comunicación lo que perdemos en franqueza. Pero la franqueza, como sinceridad, es un valor supremo que abona en la transparencia, en la confianza, en cierta desnudez de la palabra que siempre se agradece. Esta idea es propicia cuando caracterizamos al régimen político venezolano como una dictadura.

El régimen político moldeado por Hugo Chávez había sido caracterizado como un régimen híbrido: uno que combina rasgos autoritarios con elementos democráticos. Dentro de estos últimos, la cuerda de la que pendía la democracia eran las elecciones. Pese a la concentración de poder, pese a hegemonía institucional de una fuerza política, pese a la escasa transparencia, la desaparición de los mecanismos de rendición de cuentas y la supresión de contrapesos institucionales, pese a todo esto, en Venezuela habían elecciones y estas implicarían que la voluntad todavía residía en los electores.

Otro punto de vista, toma como referencia dictatorial a regímenes abierta y radicalmente sanguinarios con la oposición política. Comparado con el sadismo de Pinochet, el matonismo de Videla o la eficiente crueldad de Pérez Jiménez, el dictador venezolano de los años cincuenta, el gobierno de Chávez y sus herederos sería un ejemplo de tolerancia, un poco manchada por eventos aislados y fortuitos, pero sin el hedor criminal que patentaron aquellos clásicos dictadores latinoamericanos. Todavía habría libertad de reunión y una cercenada pero viviente libertad de opinión.

Lo cierto es que el eufemismo es cada vez más tóxico, y por ello intragable. Hay que decirlo con todas sus letras, gústele a quien le guste: el modelo político creado por Hugo Chávez y profundizado por sus herederos le ha dado sustrato a la palabra dictadura al consolidar un proceso de esterilización de las elecciones. Es una dictadura porque una facción política usa todo el poder para dictar o imponer el rumbo de los asuntos públicos, y este poder dejó de estar sujeto al desafío electoral.

La regla dictatorial tiene la siguiente expresión: Cuando una elección puede esterilizarse, puede entonces permitirse para que sirva como un monumento a la inocuidad. El ejemplo más reciente y sonoro fue la elección parlamentaria de diciembre de 2015. Ante un cambio en la correlación de fuerzas en el Parlamento venezolano, este ha sido sistemáticamente vaciado de todo su poder legislativo y contralor. Estos poderes fueron flagrantemente transferidos al Ejecutivo y al Tribunal Supremo de Justicia. El parlamento venezolano no tiene, en la práctica, ninguna posibilidad de legislar ni de controlar al poder Ejecutivo.

Y este proceso de esterilización de la oposición política comenzó hace varios años. Parte importante de los cambios constitucionales sometidos a referéndum por el gobierno venezolano en 2007, y denegados por una mayoría, fueron ejecutados posteriormente. Al menos desde el 2008, los gobernadores y alcaldes opositores han sido despojados de competencias clave y su capacidad de incidencia se ha visto limitada por el Ejecutivo Nacional. En las elecciones parlamentarias del año 2010, la oposición venezolana obtuvo el 39% de los escaños. Para sortear la obligación de construir supermayorías parlamentarias, para aprobar o reformar determinadas leyes y para elegir a los otros poderes públicos, el chavismo sobreutilizó una mayoría parlamentaria simple y se apoyó en la anuencia de un poder judicial elegido a su medida, para eximirse del requisito de sumar un mínimo de dos tercios de los votos para poder tomar las decisiones legislativas políticamente más delicadas.

Así que lo ocurrido con la actual Asamblea Nacional, y más recientemente con la obstrucción del referéndum revocatorio, no representa el inicio sino la consolidación de una dictadura. Una dictadura es un sistema político en que una facción gobierna con una hegemonía que no admite los desafíos electorales y, en consecuencia, no respeta la voluntad popular. Y en este punto, de verdad no importa lo estilizado del mecanismo de dominación con el que se compre la paz política; no es la crueldad represiva la principal característica de un régimen dictatorial. No hay eufemismo que traiga tranquilidad.


 

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