Elecciones Chile 2017: El juego del Frente Amplio y el mensaje de los votantes

Foto: John Lord

El derrumbe parcial de Piñera (36,6%) y el ascenso de Beatriz Sánchez (20,3%) son las dos grandes sorpresas de la primera vuelta presidencial. El objetivo de esta columna es proponer algunas explicaciones del juego político que se avecina, de por qué en este podría ganar Piñera y, lo más importante, de por qué este resultado electoral es un alerta para la derecha, para los empresarios y para los más confiados defensores del modelo chileno.

Los ganadores

Una primera lectura de los resultados es que los grandes ganadores de la batalla presidencial de este domingo son Beatriz Sánchez y el Frente Amplio. Hasta el domingo en la mañana, la mayoría de los analistas, los grandes medios locales y globales, y las principales firmas encuestadoras, daban por descontado un “retorno a la normalidad”, un rechazo al desvío, a la retroexcavadora ensayada por el actual gobierno. En la noche del domingo nada de esto luce ya tan cierto.

Sánchez estuvo a apenas 2,4% (cerca de 150 mil votos) de pasar a la segunda vuelta. Esto, para la “juventud” del Frente Amplio es, sin duda, una expresión de lo que en política se conoce como “ganar perdiendo”. Esto habla de que una fracción importante del electorado refrenda el discurso de la inconformidad con el modelo de desarrollo iniciado a mediados de los ochenta, profundizado por la Concertación y subrayado por el primer gobierno de Sebastián Piñera.

Las simpificaciones aritméticas y el juego del Frente Amplio

Una primera lectura de los números de la primera vuelta nos lleva a que la derecha suma el 44,5% de los votos (36,6% de Piñera más 7,9% de Kast), mientras que la izquierda “natural” sumaría 49,5%, quedando los votos de un centro representado por la DC de Goic (5,9%) como los que eventualmente podrían decidir el resultado, dependiendo de su inclinación en la segunda vuelta. Todo esto podría llevar a pensar en las mayores posibilidades de Guiller, pero ya sabemos que esta simplificación aritmética es engañosa, que los votos no se agregan linealmente, ya que muchos de estos electores podrían abstenerse y, sobre todo, que hay una cantidad de electores que se abstuvieron en la primera vuelta, cuya inclinación desconocemos, los cuales podrían votar en la decisiva cita de diciembre.

Una arista más interesante de explorar es la del “juego” del Frente Amplio, dado el caudal de votos que capturó. En este sentido hay dos elementos que es clave considerar. El primero se refiere a las preferencias individuales de los votantes de Sánchez en la segunda vuelta. A priori podría pensarse que estos votantes están más cerca, ideológicamente, de Guiller que de Piñera. Sin embargo, hay entonces que tomar en cuenta que una fracción importante de éstos son críticos del “sistema”, y por tanto podrían ver a las candidaturas de Guiller y Piñera como representantes del modelo que no les satisface, como dos caras del mismo “cártel” que ha alimentado su frustración. Si este efecto priva, entonces estos votos de Sánchez irían a la abstención antes que a Guiller.

El segundo, y más interesante, elemento a considerar es cuál es la estrategia preferida por el Frente Amplio, de cara a maximizar sus posibilidades de crecimiento, a dibujar claramente su diferenciación (lo que en marketing se denomina su “propuesta de valor”). El Frente Amplio se ha posicionado hasta ahora como crítico de un modelo político-económico que fue consensuado por la centroizquierda (expresada por la extinta Concertación) y por toda la derecha. Al mismo tiempo, y como se expresó en esta primera vuelta, su votación se nutre de un “drenaje” de votos de la Nueva Mayoría. Por ello, su estrategia dominante parece estar en conflicto con una negociación con su rival inmediato, para sumarse alrededor de la candidatura de Guiller. Esto nos lleva a concluir que en el juego de su posicionamiento en el mercado político, el Frente Amplio ganaría más con una estrategia de “resistencia” ante un segundo gobierno de Sebastián Piñera, que con una estrategia de “alianza táctica” con la Nueva Mayoría, con la cual correría el riesgo de desdibujarse políticamente.

Este análisis conduce a una hipótesis: El Frente Amplio jugará una estrategia de profundizar la crítica al “duopolio” de la centro-izquierda y la centro-derecha, preferirá la abstención como una vía no declarada que facilite el triunfo de Sebastián Piñera en la segunda vuelta, y así estará mejor posicionado para construir una alternativa ganadora en los próximos comicios del 2021.

Desafíos de la derecha y de la élite empresarial en este escenario

Un elemento clave, revelado por los resultados de esta primera vuelta, es la certeza de que la fracción crítica al modelo político y económico chileno es más grande de lo que se pensaba. Pese a los logros en materia de reducción de la pobreza y las mejoras de los indicadores sociales, lo cierto es que una fracción relevante de la población está inconforme y se muestra dispuesta a jugarse muchos de aquellos logros con tal de castigar a quienes ve como responsables de esta inconformidad. El avance del Frente Amplio es el avance de una retroexcavadora mucho más agresiva que la asomada por Bachelet.

Si se quiere contener el avance de esta más potente retroexcavadora, el sistema político debe atender las llamadas de alerta, crear instituciones que regulen la relación entre política y negocios, generar señales creíbles de que la justicia funciona y los abusos son penalizados con la misma fuerza con que se castigan los delitos corrientes, y lograr un acuerdo político alrededor de medidas que efectivamente contrarresten a las trampas de desigualdad de oportunidades presentes en la sociedad chilena.

En la élite empresarial chilena, y en general en la centro-derecha, está fijada firmemente la idea de que el crecimiento económico y la proliferación del emprendimiento serían suficientes para garantizar un clima de igualdad de oportunidades. Sin embargo, esto quizá no sea suficiente. Un desafío clave es logar un grado de cooperación política que permita crear instituciones que ataquen los mecanismos que limitan la meritocracia y, al mismo tiempo, provean un mayor grado de solidaridad entre las personas de cada cohorte y entre distintas generaciones. Y todo esto de una manera que resulte poco distorsionante desde el punto de vista económico.

Si las alarmas no se atienden, la verdadera retroexcavadora tarde o temprano llegará.


 

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